La privación crónica de sueño incide en el deterioro de la función neurológica, alertó Óscar Sánchez Escandón. El neurólogo subrayó que no se debe dormir menos de seis horas por la noche, porque no se alcanzarán las etapas de sueño profundo, momento en que “el cerebro se limpia a sí mismo”.
El presidente de la Sociedad Mexicana para la Investigación y Medicina del Sueño apuntó que si no descansamos profundamente, diversos procesos, “importantísimos para el funcionamiento cerebral”, no ocurren de manera óptima, como “la síntesis de neurotransmisores, el equilibrio hormonal y el equilibrio de la función del sistema nervioso autónomo”.
Más de 30 por ciento de la población mundial padece algún trastorno del sueño: 16 por ciento de los adultos tienen insomnio clínico (850 millones), unos mil millones presentan apnea obstructiva de sueño y el síndrome de piernas inquietas afecta a entre 5 y 10 por ciento.
El neurofisiólogo expuso que no sólo se requiere cantidad de sueño, sino también buena calidad de éste para tener regeneración cerebral adecuada y añadió que la restricción crónica de sueño no sólo se debe a factores sociales y laborales, sino también al uso de dispositivos electrónicos en la noche.
“El abuso de la exposición a las pantallas afecta el sueño, porque emiten luz azul, que es de alta intensidad, y atraviesa los filtros naturales del ojo. Ésta estimula el núcleo supraquiasmático, que regula los ciclos de sueño y vigilia.
“Esa estructura es el marcapasos natural del ciclo circadiano y si se sobrestimula, inhibe la liberación de un neurotransmisor que promueve el descanso, evitando la liberación de la hormona melatonina y, con ello, la cadena de procesos que llevan al inicio y mantenimiento del sueño.”
Recordó que “la recomendación en adultos es no más de cuatro horas, máximo seis, de exposición a pantallas, y sobre todo hacerlo en horas tempranas del día”.
Un estudio liderado por investigadores de la Organización Panamericana de la Salud analizó 19 trastornos neurológicos no transmisibles y relacionados con lesiones en 38 países y territorios de las Américas entre 1990 y 2023.
El análisis publicado en The Lancet Regional Health-Americas expone que 470 millones de personas en la región (dos de cada cinco habitantes) viven con al menos uno de los principales trastornos no transmisibles del sistema nervioso o relacionados con lesiones, incluidos la migraña, el accidente cerebrovascular, epilepsia y enfermedad de Alzheimer.
Identifica una transición epidemiológica en la región: mientras el impacto asociado a algunas afecciones vasculares y congénitas ha disminuido, los trastornos neurodegenerativos y otras enfermedades neurológicas crónicas relacionadas con el envejecimiento están adquiriendo un peso cada vez mayor.
Carolina Gómez Mena
Fuente: La Jornada
