Amagan con despedir a empleados de San Lázaro por apoyar protesta de jubilados

Luego de que en abril de este año la Cámara de Diputados retirara a más de 500 trabajadores jubilados el apoyo mensual que recibían, aduciendo la falta de recursos suficientes, los empleados en activo que han manifestado su descontento por dicha medida han sido hostigados laboralmente por la dirección de recursos humanos de San Lázaro.

Así lo advirtió la diputada Margarita García García (PT), quien señaló que el jefe de personal de la Cámara, Eduardo Medel Quiroz, se ha comportado de forma “grosera y prepotente” incluso con ella y con su compañero de bancada Jorge Armando Ortiz Rodríguez por darles acompañamiento a los trabajadores inconformes.

En entrevista, la legisladora oaxaqueña explicó que trabajadores en activo de la Cámara –tanto en solidaridad con los jubilados como por la inquietud de que ellos mismos ya no reciban el mencionado apoyo al momento de su retiro–, comenzaron a formular preguntas sobre el tema y a protestar por la medida.

La respuesta de Medel, aseguró la petista, ha sido una campaña de acoso laboral en la cual algunos de los inconformes fueron citados a recursos humanos con la notificación de que estaban “puestos a disposición”, lo que significa una especie de aviso de que pueden ser despedidos si así lo determina la autoridad.

En esa línea, denunció, la dirección de personal reunió a algunos de los trabajadores en un cuarto y los mantuvo ahí por varias horas sin hacer nada ni explicarles por qué. Además de que pusieron a personas a seguir a los empleados al ir al baño o moverse dentro de San Lázaro.

García –quien la semana anterior iba a iniciar una huelga de hambre para visibilizar el tema, pero la suspendió a petición de su coordinador, Reginaldo Sandoval, y del coordinador morenista, Ricardo Monreal– lamentó que los trabajadores en activo no puedan manifestar su descontento sin ser “reprimidos”, y que su representación sindical “esté en contubernio” con las autoridades de la Cámara para ello.

Fernando Camacho Servín

Fuente: La Jornada