Científicos descubren un antibiótico que combate la resistencia a medicamentos

A partir de una bacteria común que podría encontrarse en el suelo de un jardín doméstico, un equipo internacional de científicos descubrió un antibiótico cuyo mecanismo de acción podría abrir nuevas vías para combatir la resistencia bacteriana a los medicamentos.

Así lo reveló un estudio publicado en la revista Nature, en el que se detalla que el nuevo antibiótico, llamado manikomicina, se adhiere a una zona del ribosoma –la maquinaria que fabrica las proteínas que necesita la bacteria para vivir–, y bloquea ese proceso, de tal forma que los microorganismos dejan de producir proteínas esenciales para crecer y sobrevivir.

“La mayoría de antibióticos que se usan en la clínica, más de 50 por ciento, actúan en el ribosoma; lo interesante aquí es que la manikomicina actúa en otro lugar del ribosoma”, mencionó la científica mexicana Nora Vázquez Laslop, una de las autoras de la publicación y profesora del Departamento de Ciencias Farmacéuticas de la Universidad de Illinois en Chicago.

En entrevista con La Jornada, añadió que “ninguno de los antibióticos que se usan hoy día en la práctica clínica se fijan a ese sitio del ribosoma bacteriano. Entonces, las bacterias patógenas no tienen manera de defenderse, no saben cómo porque es algo nuevo”.

La manikomicina es producida de manera natural por la Streptomyces rimosus, una bacteria conocida por generar otros antibióticos, como la terramicina, y por liberar geosmina, el compuesto causante del olor a tierra húmeda. Presente de manera global, esta bacteria desempeña un papel importante en la salud del suelo.

Vázquez Laslop detalló que aun cuando la Streptomyces rimosus es estudiada desde hace tiempo, lo que propició el hallazgo del antibiótico tuvo que ver con un nuevo método químico empleado por colegas de la Universidad McMaster de Canadá, para detectar otros compuestos en las bacterias.

“Es como si lo único que ves en tu plato es un pedazo de carne, y es eso lo que se te antoja comerte; pero, si lo mueves un poquito al lado, ves el caviar. Haz de cuenta que esta nueva metodología ha hecho que se descubra el caviar”, explicó la científica.

La sustancia recibió el nombre de manikomicina debido a que una integrante del equipo es originaria de la India. Ahí manik –o su variante manikya– significa “piedra preciosa” o “brillante”. “Lo que hace referencia a que esta sustancia se produce en cantidades pequeñas, pero es muy valiosa”, explica la investigadora.

Hasta ahora, la manikomicina no se usa en el ámbito clínico, porque no es muy estable en la sangre humana –y tal vez, tampoco lo sea en el cuerpo humano, todavía no se prueba en personas–, pero los investigadores esperan que este hallazgo ayude a los químicos a crear análogos a partir de ella que sean estables.

“A partir de nuestro estudio, se sabe cuáles son los genes de la bacteria productora que hacen la manikomicina. Entonces, los farmacéuticos pueden modificar esos genes o hacer versiones sintéticas”, planteó.

Lo más importante, subrayó, es que “los farmacéuticos logren una sustancia más estable, pero que no por modificarla cambie el mecanismo de acción y provoque resistencia en la bacteria, tiene que seguir uniéndose a esa parte del ribosoma que es la novedad”.

Agregó que el descubrimiento fue posible gracias a la colaboración entre especialistas de Canadá, Estados Unidos y Alemania, y el desarrollo de nuevas metodologías para explorar sustancias producidas por bacterias comunes.

“Cada quien contribuyó desde diferentes aspectos. Habría sido imposible lograrlo desde un solo grupo o de manera individual. La ciencia tiene que ser de colaboración”, destacó.

Para Vázquez Laslop, el hallazgo demuestra que incluso microorganismos estudiados durante décadas pueden esconder compuestos valiosos, si se replantea la forma en que se desarrollan los antibióticos. “Para nosotros es una novedad, pero la naturaleza ha hecho muchos antibióticos durante la evolución que ni nos habíamos imaginado”, resaltó.

Eirinet Gómez

Fuente: La Jornada