Nueva York y Washington. Zohran Mamdani, un joven socialista democrático y musulmán, triunfó para ser alcalde de Nueva York en plena era derechista y cristiana nacionalista del trumpismo estadunidense y ahora encabeza el gobierno de la principal ciudad de Estados Unidos, donde cumplió recientemente sus primeros 100 días de gestión.
Su victoria sacudió a las cúpulas políticas y económicas de Estados Unidos, que se habían unido para derrotarlo, pero una campaña de bases –encabezada por un ejército sin precedente de 100 mil voluntarios que tocaron 3 millones de puertas para impulsar el voto–, demostró que otra política es posible en Estados Unidos, incluso en la misma capital del capital, donde el gran dinero no fue suficiente esta vez para sofocar la expresión democrática.
Al marcar sus primeros 100 días, Mamdani recordó en un discurso el famoso ataque del ícono neoliberal Margaret Thatcher de que “el problema con el socialismo es que eventualmente se acaba el dinero de los otros”, a lo que respondió: “si algo parece que eventualmente necesitas es a un socialista para limpiar el desastre que dejaron”.
Pero como el famoso dicho del ex gobernador y líder del Partido Demócrata, Mario Cuomo, hace tres décadas, “se hace campaña en poesía, pero se gobierna en prosa”, y con nula experiencia, más allá de ser asambleísta estatal antes de ocupar la alcaldía, Mamdani se ha visto obligado a modificar algunas de sus promesas o aplazarlas, pero lo ha hecho de una manera transparente, sin manipular a sus seguidores.
“Un político que se ve obligado a ceder en algunas cosas sin perder el apoyo de sus simpatizantes es algo poco común, es oro para un representante popular”, comentó a La Jornada un veterano de la lucha electoral estadunidense. Una de las maneras en que ha logrado eso, es que durante los primeros 100 días tras su inesperado triunfo, sigue gobernando como si estuviera en campaña, usando la poesía política popular que le sigue funcionando.
Sus inspiraciones
Al marcar su centenar de días en la alcaldía, Mamdani repitió una frase de su discurso de inauguración: “fui electo como un socialista democrático y gobernaré como un socialista democrático”.
Ha reiterado que sus ejemplos son el de su mentor político, el senador Bernie Sanders, quien fue gobernante de Burlington, Vermont, y del grupo de alcaldes socialistas en el Medio Oeste del país durante la primera parte del siglo pasado, conocidos como “socialistas del alcantarillado”, lo que significó que se enfocaron en resolver problemas básicos y concretos de sus ciudades.
Mamdani lo rebautizó “política de baches”. Y por cierto, uno de sus primeros logros fue reparar 100 mil hoyos, el último lo hizo acompañado por los trabajadores municipales que se dedican al mantenimiento.
Sus logros, realizados a un ritmo joven e incesante, y con su presencia frecuente en las calles y eventos públicos populares –desde participar en ritos religiosos de Ramadán, las Pascuas católica y judía, bailes y hasta partidos de basquetbol en un barrio, a dar una vuelta por el estadio de beisbol de los Mets, donde fue a saludar no a los atletas famosos y los dueños, sino a los trabajadores –son diversos y aunque aún no tienen resultados dramáticos–, es más que notable el inicio de un cambio en la forma de gobernar.
Mamdani declaró que está cumpliendo con una promesa inicial: “hacer que esta ciudad le pertenezca cada vez más a sus habitantes… logrando bienes públicos y excelencia social”. Agregó: “Nueva York es la ciudad más grandiosa del mundo por los millones de personas que trabajan incansablemente cada día para hacerla así”.
Entre sus logros: un cuidado universal para todos los menores de tres años y el kínder, y pronto para los de dos años; una campaña agresiva para perseguir a caseros que violan la ley y maltratan a sus inquilinos, acelerar la construcción de vivienda asequible, así como buscar maneras para reducir las rentas.
“Estaremos de lado de los traba-jadores”, ha dicho, y Mamdani acompañó a las enfermeras durante su huelga. También ha recuperado salarios perdidos o robados, ampliado tiempo de descanso y mayores protecciones para los sectores más vulnerables. “La solidaridad no es sólo una consigna”, afirmó. También está ampliando protecciones para los consumidores.
En torno a seguridad pública, la tasa de homicidios y otros crímenes violentos como tiroteos, se han desplomado a niveles sin precedente. A la vez, empezó a implementar medidas de seguridad en el transporte, para bicicletas, en el Metro y haciendo más eficiente y rápido el sistema de autobuses públicos. También resaltó la defensa de inmigrantes –siempre recuerda que él es uno– frente a las fuerzas federales como el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés).
“A todo neoyorquino, sea que esté bajo ataque por la crueldad del gobierno federal o asfixiado por la crisis de asequibilidad, estamos de tu lado”, proclamó.
Ha dejado pendiente su propuesta de elevar los impuestos a los más ricos –es la ciudad en la que habitan más millonarios que en cualquier otra– aunque sí está logrando avanzar con elevar gravámenes a la propiedad en algunos casos.
También, por ahora, no está procediendo con algunas reformas y medidas que prometió durante la campaña.
Logró controlar con éxito a Trump
Tal vez uno de los logros más sorprendentes fue el manejo inicial de Donald Trump, quien antes de la elección había amenazado con recortar fondos federales a la ciudad si ésta decidía elegir a un “comunista”, mientras Mamdani lo había llamado “fascista”.
Una de las imágenes más extraña e inesperada fue la de la visita del alcalde electo a la Casa Blanca, con el mandatario sentado en su escritorio presidencial en la Oficina Oval viendo hacia arriba a Mamdani, parado a su lado, con una expresión inexplicable de respeto y cariño.
El alcalde lo convenció de apoyar, por lo menos retóricamente, la construcción de más vivienda asequible en Nueva York y le recordó que ambos eran originalmente del condado de Queens. El alcalde jugó su carta perfectamente, presentando a su anfitrión como un aliado de Nueva York. Entre las preguntas de la prensa a los dos al concluir la reunión: “usted dijo que Trump era un fascista, ¿aún piensa eso?” Antes de que Mamdani respondiera, Trump le dijo con risa: “diles que sí, es más fácil que explicarlo, no me importa”, tocando el brazo del joven alcalde.
Una segunda reunión, en febrero, de los dos sorprendió nuevamente a los observadores por su cordialidad y hasta otro acuerdo para promover vivienda.
El alcalde declaró en su discurso de sus 100 días: “tenemos la responsabilidad de comprobar que el gobierno es digno de la gente a quien sirve”.
Un comentarista difundió un mensaje que marca el momento: “hace 10 años ¿quién hubiera pronosticado que los dos estadunidenses progresistas de mayor perfil en el mundo serían un alcalde musulmán socialista y el Papa?”
David Brooks y Jim Cason
Fuente: La Jornada
