Editan facsímil del Códice Durán, libro de la Colonia que plasmó la vida mexica

El Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) publicó la primera edición facsimilar de la Historia de las Indias de la Nueva España e islas de Tierra Firme, escrita hace más de cuatro siglos por el fraile dominico Diego Durán (1537-1588).

Dividida en tres tratados –el primero, de 78 capítulos, el segundo de 23 y el tercero de 19–, la publicación hace una semblanza del pueblo mexica, a fin de enseñar la cosmovisión de los indígenas a sus hermanos evangelizadores.

“Sus páginas –en las que conviven la erudición del cronista, la sensibilidad del misionero y la voz de la tradición indígena– nos hablan de dioses y de rituales, de genealogías y de conquistas, de fiestas y de sacrificios. Nos revelan, en definitiva, la grandeza de una civilización que, aunque herida por la Conquista, dejó huella imborrable de su memoria”, señaló Gregorio Marañón, presidente de la fundación José Ortega y Gasset-Gregorio Marañón, en uno de los textos preliminares.

Por su parte, el investigador José Rubén Romero, quien se encargó de hacer un estudio introductorio para el material, aseguró a La Jornada que el texto no ha perdido relevancia, ya que permite conocer el pasado prehispánico de nuestro país. Este libro “tiene vigencia como la Odisea, la Iliada o la Eneida, obras que han trascendido en el tiempo”.

En búsqueda de la mítica Aztlán

El manuscrito narra diversos episodios de la tradición mexica, entre ellos, el momento en que el tlatoani Moctezuma Ilhuicamina –bisabuelo de Moctezuma Xocoyotzin– encargó a una comitiva de brujos hallar la mítica Aztlán, una isla de la que, según Durán, se tenía noticia de que estaba “hacia la parte norte y Tierra Firme, con la Florida”.

Tras su llegada, luego de convertirse en animales para facilitar su viaje, los hechiceros se encontraron con un hombre inmortal que conoció a sus antepasados, los migrantes nahuas que salieron rumbo a Tenochtitlan cientos de años atrás. También se cruzan con la diosa Coatlicue, madre de Huitzilopochtli. Angustiada, pide a los hombres que le expliquen el paradero de su hijo, divinidad tutelar que guio a los mexicas hacia el Valle de Anáhuac.

Con este tipo de relatos, el fraile permitió que los propios indígenas expresaran y difundieran su manera de comprender y explicar el mundo. “Dejó que el hombre prehispánico narrara su historia, la cual estaba impregnada de elementos que nos podrían parecer míticos, pero que debemos respetar”, apuntó Romero.

El experto explicó que, en la actualidad, esperamos que los acontecimientos sean comprobables. “Sin embargo, no siempre ha sido así. Las verdades históricas muchas veces han estado impregnadas de elementos míticos y religiosos. La inclusión de estos textos nos permite comprender mejor el pasado”.

El manuscrito viajó a España, donde años más tarde una copia del original formaría parte de la colección de Felipe IV, entre la que destacaban crónicas de la Conquista y sobre las culturas indígenas. Hacia 1712, los volúmenes pertenecientes a ese monarca y a su sucesor Carlos II pasaron a formar parte de la recién creada Real Librería Pública, antecesora de la Biblioteca Nacional de España (BNE).

Desde entonces, la institución resguarda el título que, luego de más de cuatro siglos, vuelve a territorio nacional en una edición facsimilar. “La BNE proporcionó los archivos digitalizados en alta resolución y colaboró con uno de los textos introductorios. Por su parte, la Biblioteca Nacional de México, en representación de la UNAM, estuvo a cargo de la coordinación editorial, el diseño y la producción del libro”, dijo a La Jornada Hilda Maldonado Gómez, jefa del Departamento Editorial del Instituto de Investigaciones Bibliográficas.

Una obra cara

De acuerdo con José Rubén Romero, en la década de los 90 se pensó publicar un facsímil del libro; sin embargo, debido a su antigüedad, el manuscrito se encontraba manchado, por lo que no fue posible. “Normalmente, lo que se busca en una edición como ésta es que esas manchas no existan. Se trata de una obra muy cara que, en la medida de lo posible, debe resultar en un trabajo limpio”. Por ello, el investigador reconoció la labor del equipo de la UNAM, que durante cinco meses se dedicó a pulir y maquetar el volumen para esta versión impresa.

La edición, dirigida a especialistas y público universitario, quienes encontrarán en él una valiosa herramienta de consulta, “no sólo busca preservar una obra histórica, sino también reactivar el diálogo con las propuestas estéticas e intelectuales que marcaron una época. Es una invitación a mirar el pasado con curiosidad y sentido crítico, reconociendo que el arte y la literatura han sido, y siguen siendo, espacios de reflexión y transformación”, señaló Maldonado Gómez.

Si bien el material puede ser adquirido por cualquier persona e “interesados que la comprarán para tenerla en su casa y consultarla cuantas veces quieran”, Romero señaló que este facsímil del Códice Durán (nombre con el que se también se conoce al título) permitirá a los estudiosos conocer las características originales y confrontar las ediciones paleográficas –que traducen el español de la época a un lenguaje más compresible– ya existentes, a fin de generar nuevas investigaciones.

Esta edición fue galardonada ayer con el Premio Antonio García Cubas 2026, en la categoría de edición facsimilar.

Eder Torres

Fuente: La Jornada