“No es un chat, es una campaña de odio”: Almendra Negrete advierte que el TEPJF podría legalizar el asedio contra las mujeres si cede ante la defensa de la violencia digital
Bajo la excusa de que “sí la violenté, pero como fue por whatsapp no me
pueden sancionar, es excesivo y según yo es inconstitucional”, la defensa de una funcionaria pública confesa pretende que la Sala Superior borre dos décadas de avances jurídicos. Almendra Negrete rompe el silencio sobre el acoso y asedio que involucró a su círculo íntimo, como Jonathan, y la urgencia de no permitir que la tecnología se convierta en el nuevo fuero de las y los violentadores
Culiacán, Sinaloa. – México se encuentra ante un abismo jurídico. Lo que comenzó como una denuncia por violencia política de género en Sinaloa, ha escalado a una batalla nacional por la definición de la dignidad en la era digital. Almendra Negrete, abogada formada en el rigor de la Escuela Libre de Derecho, ha lanzado una advertencia que retumba en los pasillos del Tribunal Electoral: confirmar la impugnación de su agresora significaría un retroceso civilizatorio de 20 años.

“Si la Sala Superior acepta que la violencia digital es invisible solo porque ocurre en un
mensaje privado, habremos perdido dos décadas de lucha”, afirma Negrete.
El argumento de la contraparte, funcionaria de la Secretaría de las Mujeres, raya en un
cinismo institucional sin precedentes: admite y reconoce haber violentado con su dicho a la
Mtra. Negrete ante la prensa nacional, pero exige inmunidad bajo la idea de que el
WhatsApp es una zona libre de leyes que al mismo tiempo está protegida por leyes.
El costo de la resistencia: El factor Jonathan
Pero detrás de los expedientes, hay una historia humana que Almendra ha decidido no
callar más. El hostigamiento, el acoso y el asedio no fueron solo un intercambio de textos;
fue una estrategia de demolición emocional. En un intento por quebrarla, la campaña de
odio no se detuvo ante su cargo público ni en ella como mujer, sino que invadió su vida
privada, involucrando a personas fundamentales de su entorno, como Jonathan.
Para Almendra, esta es la verdadera cara del #Wollyng: una violencia que se infiltra en lo
cotidiano, que asedia sin tregua y que cuenta con que la víctima tendrá demasiado miedo o
demasiada vergüenza para denunciar. ¡Prohibido callar!.
Ni mitotero ni tapadera, tampoco cómplice de las ganas de violentar y ofender de ella.
Jonathan en un Sinaloa violento, con sus acciones enseñó a Sinaloa que él no es parte de
este círculo de agresiones y violencia contra las sinaloenses.

Para mí Jonathan es el rostro del valor civil de las juventudes en un Sinaloa que ya no
aguanta más violencia. A pesar del asedio que hoy sufre en redes por haber proporcionado
las pruebas de la agresión, su postura es inquebrantable. Con su ejemplo, enseñó a todo el
Estado que romper el silencio es el primer paso para detener la violencia contra las mujeres.
Él eligió no ser cómplice”.

La trampa de la “privacidad”.
Desde el 2008, la jurisprudencia en México es clara: el derecho a la privacidad no es un
cheque en blanco para delinquir o violentar. Sin embargo, el proyecto que hoy ronda en la
Sala Superior parece ignorar esta evolución tecnológica y social. Pretende exigir
“estándares mínimos” que, en la práctica, hacen imposible que una mujer denuncie el acoso
digital de otra mujer.
¿Desde cuándo una confesión pública ante los medios de prensa no es prueba
suficiente?”, cuestiona Negrete.
“Al pretender reducir el expediente a “mensajes de WhatsApp en confianza”, la defensa
intenta invisibilizar una estrategia sistemática de flaming que ya fue acreditada en instancias
previas. Lo que se describe como una comunicación privada es, en realidad, la punta del
iceberg de una campaña de denostación que buscó la ‘funa’ mediática de la Mtra. Negrete.
Señalan observadores del caso ya que la presunta agresora utilizó los micrófonos de la
prensa para confesar la violencia de su propia voz, mientras simultáneamente intentaba
“demostrar su inocencia”.

El veredicto del futuro
La moneda está en el aire. De un lado está la propuesta de regresar a un México de hace
20 años, donde las mujeres debían soportar el acoso digital en silencio porque “no era
oficial”. Del otro, está el precedente que defiende la abogada Almendra Negrete: uno donde
la tecnología no sea el refugio de los cobardes, sino una prueba de su violencia.
Almendra no solo defiende su nombre desde hace más de un año; defiende el derecho de
las próximas generaciones de mujeres a participar en la vida pública sin que su teléfono se
convierta en una celda de hostigamiento. “La justicia y la verdad ya fueron juzgadas en
Guadalajara; EXISTIÓ VIOLENCIA”, sentenció.
Ahora falta ver si la Sala Superior tiene la visión para sostener el siglo XXI o la debilidad
para devolvernos al pasado.
Priorizando que la violencia es violencia sin importar el medio.
Gane o pierda en Sala Superior, yo ya demostré en Sinaloa que el acceso a la justicia para
las mujeres de la diversidad es el doble de complicado. Por ser mujer y ser lesbiana, mis
agresores quieren quedar impunes de su violencia confesa en medios de prensa,
escondidos tras un “como fue por WhatsApp, ahí sí te puedo violentar. La violencia contra
las mujeres, sin importar de dónde venga, es VIOLENCIA. ¡Ningún tipo de violencia puede
ser tolerado!”.

De aprobarse su REC “impugnación” en la Sala Superior, sería muy grave, pues el
antecedente legal permitirá que en nuestro país se violente a mujeres por cualquier medio
digital, WhatsApp, mensajería instantánea o medios electrónicos.
Yo repruebo todo tipo de violencia contra las mujeres. No importa el medio electrónico, no
importa la plataforma o la mensajería instantánea; lo que sí importa es el contexto. Manifestar intenciones de violencia o ejercer violencia simbólica como Emma, aun siendo
en una conversación, sigue siendo VIOLENCIA”, sentenció.
