Ejercicio, la mejor medicina para lograr envejecimiento saludable, afirman expertos

Para Teresita de Jesús Guerra, de 78 años, e Ignacia Fonseca, de 76, hacer ejercicio ha sido la mejor medicina para preservar su autonomía y mejorar su salud física, mental y social. Estas amigas se conocieron en el gimnasio, y acuden a entrenar varios días a la semana: realizan ejercicio cardiovascular, nadan y hacen pesas porque tienen claro que el movimiento da más y mejor vida, y que perder músculo (sarcopenia) las aleja de un envejecimiento saludable.

La subsecretaría de Prevención y Promoción de la Salud de la Secretaría de Salud refiere que a partir de los 30 años comienza una pérdida gradual de masa muscular. Ésta decrece entre 3 y 8 por ciento por cada década de vida debido a la inactividad física, cambios hormonales y pérdida de neuronas motoras.

La afección genera que las personas mayores tengan disminución de la marcha, sean más propensas a caídas y presenten incapacidad para subir escaleras por debilidad en las extremidades inferiores.

Mireya Zamora Macorra, profesora de la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Xochimilco, que se dedica a la atención de personas mayores, señala a La Jornada que el sedentarismo incide en la pérdida de músculo, y eso merma el equilibrio corporal.

En contraparte, contar con masa muscular adecuada, en particular en las piernas y glúteos, previene caídas. La especialista cita que la fractura de cadera es la principal causa de discapacidad en el sector e incide en posterior muerte.

“Mantener la actividad física nos da equilibrio y la oportunidad de que si nos resbalamos tengamos la agilidad para agarrarnos de algo o meter las manos, y eso evita fracturas graves.”

“El mejor seguro de vida”

La doctora en Ciencias en Salud Pública, con concentración en Epidemiología, apunta que otro beneficio de la masa muscular es el endocrinológico “porque ayuda a regular la resistencia a la insulina, lo que puede derivar en diabetes”.

En el Día Nacional de las Personas Mayores (28 agosto), Sergio García y Alexis Calderón, entrenadores certificados, indican que cada vez más personas mayores acuden a gimnasios porque conservar o elevar la masa muscular es el “mejor seguro de vida”.

Sergio, licenciado en Educación Física con certificaciones en entrenamiento funcional e híbrido, asegura que “es una realidad que cada vez más la gente mayor se interesa por el entrenamiento de fuerza con mancuernas, barras y máquinas. Es muy grato que las personas mayores tomen acción por su calidad de vida, y no sólo se dejen envejecer y se resignen a lo que la vida te va aventando o las lesiones que se acumulan por trabajo, malas posturas o ejecuciones de movimientos diarios”.

Tras señalar que varios socios del gimnasio comentan que están ahí por instrucción médica, subraya que hacer ejercicio es un ganar –ganar, porque muchas personas mayores “hacen comunidad”, se conocen allí, hacen sus rutinas y luego salen y socializan.

Teresita e Ignacia han hecho otras amistades en el club deportivo. Teresita fue enfermera en el IMSS más de 3 décadas, y señala que “el gym es mi mejor inversión en salud”. Desde 2005 hace ejercicio; camina erguida, es ágil y tiene estabilidad. “Mi movilidad está bien, no he tenido problemas de caídas y creo que es gracias al ejercicio que hago”. A eso, apunta, se suman “las bonitas amistades que uno hace”.

Alexis, quien estudió Ciencias del Deporte en la Universidad YMCA y cuenta con cursos en entrenamiento de fuerza, señala que hace una década todavía ir al gimnasio era por estética, pero ahora es claro que es por salud, sobre todo para los de más de 60 años. “Por las mañanas casi 50 por ciento de los asisten son personas mayores. Algunos vienen por gusto, pero muchos por la sarcopenia. Con el ejercicio ganan calidad de vida; les sirve para subir escaleras, para cargar al nieto o incluso para levantar un garrafón. Parecen cosas sencillas, pero con ese padecimiento son un reto.”

Ignacia lleva 6 meses entrenando. Durante su rutina de bicicleta fija con respaldo dice que “he visto muchos beneficios, mis piernas estaban entumidas, y ya no.

Explica que como todavía olvida en cuál aparato le toca, imprimó y plastificó su rutina y se la colgó como gafete, “pero igual los instructores son muy amables y hasta me adaptan los aparatos. Estoy contenta haciendo ejercicio.”

Carolina Gómez Mena

Fuente: La Jornada