San Miguel de Allende, Gto., Los antiguos muros de la Fábrica La Aurora dejaron atrás hace décadas el estruendo de los telares.
Este sábado, otra clase de movimiento tomó el recinto: cuerpos enlazados con animales, rostros que brotan de paisajes, aves de patas interminables y figuras reacias a cualquier clasificación poblaron las paredes color vino de la galería Noyola Fernández, donde se inauguró El orden salvaje, exposición de Ray Smith, con curaduría de Mario Llaca.
No había un punto obligatorio de partida. Algunos visitantes se detenían ante una retícula de acuarelas; otros rodeaban estructuras que alteraban la circulación, mientras varios levantaban la vista hacia una pieza monumental.
“Sólo trato de ver entre las grietas de las cosas y quizá tener la suerte de inventar otro lenguaje”, dijo Smith en entrevista con La Jornada. “El arte es una alternativa a la sobrevivencia y una especulación constante. Las cosas no están fijas”.
Esa forma de entender la pintura también organiza el recorrido. Cercana a cinco metros de altura, la estructura inspirada en un árbol de aguacate surgió hace años en La Tallera, de Cuernavaca, Morelos, y desde entonces ha incorporado espejos, capas de pintura y nuevos materiales. Incluso ha cambiado de nombre en otras instalaciones.
Para Smith, las piezas nunca concluyen del todo. “No sé cuándo una obra está terminada. Quizá ninguna lo está”.
Construir una experiencia
Desde el principio, Mario Llaca optó por una lectura distinta de la trayectoria del pintor.
“No quería hacer una muestra que simplemente explicara la carrera de Ray Smith; quería construir una experiencia. Me interesaba encontrar los vasos comunicantes entre obras realizadas en distintos momentos y mostrar que, detrás de esa aparente irreverencia, existe una profunda coherencia”.
Un óleo realizado hace dos décadas dialoga con otro concluido hace pocas semanas; un dibujo se prolonga en una escultura y un biombo reordena la lectura de una acuarela cercana. Las afinidades, las tensiones y las resonancias terminan por sustituir cualquier línea temporal.
“El título de la exhibición lo dice todo. La idea es que empiecen por donde quieran”, afirmó el curador.
Las 56 piezas incluyen óleos, acuarelas, dibujos, esculturas y biombos elaborados con piroxilina. En conjunto reúnen distintas etapas de la producción de Smith sin sujetarse a una línea temporal.
Antes de llegar a la galería, los visitantes recorren estudios de artistas, locales de antigüedades, textiles, joyería, muebles, esculturas y objetos de inspiración mesoamericana. La antigua fábrica textil conserva un ir y venir constante de creadores, coleccionistas, turistas y habitantes de la ciudad.
En ese entorno, el universo visual de Smith desborda los límites de la sala. Sus personajes obedecen a una lógica distinta: cabezas prolongadas hasta volverse aves, cuerpos que comparten extremidades con plantas y animales, objetos domésticos dotados de vida y paisajes de fronteras inestables.
Más allá de complacer
Para Llaca, Ray Smith “no busca complacer; provoca. Su trabajo cuestiona, juega, incomoda y rompe expectativas”.
Smith lleva esa reflexión un paso más lejos: “Quizá lo salvaje es el orden. El orden lo vamos creando a través de las leyendas humanas, pero al universo le vale madres. Entonces, ¿dónde está realmente el orden?”
La respuesta aparece dispersa en criaturas híbridas, anatomías imposibles y escenas que parecen surgir directamente del trazo, punto de partida de toda su producción. “Desde kínder mediaba la realidad a través de los dibujos. Si lo puedes dibujar, quizá puede existir”.
Smith (Brownsville, Texas, 1959) llegó a México cuando tenía apenas dos meses. Creció en la capital mexicana y permaneció en ella hasta el terremoto de 1985, cuando la casa donde vivía con su esposa quedó destruida. Tras una etapa en Nueva York, estableció su estudio en Cuernavaca, desde donde alterna proyectos en ambos países.
Las visitas al Museo Nacional de Antropología, las culturas prehispánicas y una tradición pictórica marcaron su formación y terminaron por definir su lenguaje.
También celebró el momento que vive la creación artística del país: “México está partiendo madres. En arquitectura, cine, pintura y escultura hay un nivel extraordinario. Aquí las cosas se hacen con el corazón. Son los artistas y sus comunidades quienes empujan todo esto”.
La inauguración comenzó bajo un sol intenso. Hacia el final, el cielo cambió de golpe y empezó a llover. El agua se filtró por algunos puntos del inmueble, mientras cada vez más visitantes ingresaban a las salas para resguardarse del aguacero y continuar la visita.
La exposición El orden salvaje permanecerá abierta hasta el 15 de octubre en la galería Noyola Fernández, ubicada en la Fábrica La Aurora (calzada de La Aurora s/n, Zona Centro, San Miguel de Allende, Guanajuato). Puede visitarse de lunes a domingo de 11 a 17 horas. La entrada es libre.
Daniel López Aguilar, enviado
Fuente: La Jornada
