El Munal busca revalorar a Ángel Zárraga, pintor asociado al gusto burgués

El trabajo del pintor duranguense Ángel Zárraga (1886-1946), autor de piezas emblemáticas como Exvoto de San Sebastián (1912) y La futbolista rubia (1926), es objeto de una nueva revisión esta vez en el Museo Nacional de Arte (Munal), pensada para revalorar su obra. Anoche se inauguró en el recinto del Centro Histórico Ángel Zárraga: Los ideales del arte, exposición de alrededor de 80 piezas que rinde homenaje a su trayectoria.

La propuesta curatorial de la muestra, realizada por David Caliz Manjarrez, recorre las etapas de la producción de este artista, “tradicionalmente marginada del nacionalismo posrevolucionario mexicano por considerarse ajena a la militancia política y asociada a un gusto burgués”.

Zárraga pasó gran parte de su vida en Europa, donde exploró diversas estéticas, por lo que la muestra parte de su paso por París y de su diálogo con la pintura del Viejo Continente para buscar resignificar su trabajo dentro de un intercambio cultural más amplio, y alejarlo de lecturas estrictamente nacionalistas.

El recorrido analiza la evolución estilística, temática y técnica de Zárraga, e identifica líneas de estudio que permiten reconocer la manera en que reinterpretó temas, géneros y modos de proceder provenientes de la tradición de la historia del arte, a la vez vinculados con sus cuestionamientos personales de raíz religiosa y espiritual.

La propuesta curatorial se estructura en torno a cinco núcleos temáticos con el objeto de aproximarse a las etapas creativas del artista: Entre la tradición y la vanguardia, La radicalidad cubista, El retorno al orden, El esplendor del cuerpo y Otro lenguaje mural.

En busca de un camino propio

Ángel Zárraga Argüelles nació en el seno de una familia acomodada en la capital de Durango. De niño, su familia, encabezada por su padre, médico de profesión, se trasladó a la Ciudad de México.

Comenzó su educación primaria en el plantel anexo a la Normal de Maestros y desde muy joven mostró su vocación por el dibujo, el retrato y la caricatura, además de escribir poesía. Sus primeras publicaciones aparecieron en una revista juvenil entre 1902 y 1903.

Más adelante, en la Escuela Nacional de Bellas Artes conoció a Diego Rivera. Fue cofundador del Ateneo de la Juventud. En 1904 partió a Francia para inscribirse en la Escuela de Bellas Artes de París, donde entró en contacto con el impresionismo, aunque prefirió explorar caminos propios. Para eso, se trasladó a Bruselas, a fin de entrar en la Real Academia y, luego, a España, donde recorrió ciudades como Toledo y Segovia.

En 1906, Zárraga dio a conocer sus primeras obras en una exhibición colectiva en el Museo del Prado, en Madrid, lo cual abrió puertas a su proyección internacional. Ese año recibió una pensión de 350 francos mensuales gestionada por Justo Sierra, entonces responsable de Instrucción Pública y Bellas Artes en México, lo que le permitió continuar su formación en el extranjero. Con ese respaldo económico pudo ampliar su contacto con galerías y academias, y afianzar una presencia que combinaría México y Europa a lo largo de la década siguiente.

Su primera exposición relevante en México ocurrió el 6 de noviembre de 1907 en la Escuela Nacional de Bellas Artes; reunía veintenas de trabajos realizados en España y algunas piezas producidas aquí. A su retorno a Europa, en 1908, se integró como cronista en el diario madrileño El Liberal. Entre 1909 y 1910 exhibió en París, Nantes, Venecia y Lieja. A finales de 1910, su segunda muestra en México fue abierta por su padre, junto con Justo Sierra y Antonio Rivas Mercado. Después de esa etapa, decidió fijar definitivamente su residencia en París, donde vivió por 35 años y desarrolló gran parte de su obra mayor.

De 1914 a 1917, exploró el cubismo; sin embargo, más tarde volvió a una representación más cercana a la realidad de la figura humana. Eso no evitó que en 1921 hiciera una exposición dedicada, en gran medida, a obras que respondían a la tendencia cubista.

Aparte de sus cambios estilísticos, Zárraga encontró en la temática religiosa y el deporte, en particular el futbol, que lo entusiasmaba, una línea de trabajo que le permitió sostenerse económicamente, además de encontrar un camino espiritual.

Dicha motivación lo llevó a incursionar de lleno en el muralismo, para lo que trabajó grandes superficies con las técnicas de la encáustica y del fresco, entre 1921 y 1926, en el Chateau de Vert-Coeur, en Chevreuse, junto a Versalles. También realizó murales en la embajada mexicana en París. En 1917 se encargó de los decorados de Antonio y Cleopatra, tragedia histórica de William Shakespeare, en el teatro Antoine de París, al parecer su única incursión de escenógrafo.

Zárraga regresó a México en 1941 durante la Segunda Guerra Mundial. Pintó murales en el Club de Banqueros y en la Catedral de Monterrey. Falleció en Cuernavaca el 22 de septiembre de 1946.

Las obras incluidas en la exposición provienen de colecciones institucionales y particulares. La muestra busca construir puentes de comunicación entre las jóvenes generaciones y el acervo del Munal, con base en una nueva aproximación a la trayectoria estética de uno de los artistas mexicanos más destacados de la primera mitad del siglo XX.

Ángel Zárraga: Los ideales del arte se exhibe en el Museo Nacional de Arte (Tacuba 8, Centro Histórico).

Merry Macmasters

Fuente: La Jornada