“Los ferrocarriles son el esqueleto de la nación, forman parte de la edificación de su pasado y su futuro. En la actualidad, con el retorno de los trenes al país, tenemos la posibilidad de reflexionar la importancia que este transporte tuvo en la conformación, no sólo de la sociedad mexicana, sino de la misma democracia nacional”, afirmó Teresa Márquez Martínez, directora del Museo Nacional de los Ferrocarriles Mexicanos.
El recinto, ubicado en Puebla, se prepara para celebrar su 40 aniversario en julio de 2027, mientras el Centro de Documentación e Investigación Ferroviaria (Cedif) cumplirá 30 años de resguardar la memoria ferrocarilera.
Entre las actividades que se realizarán para esa fecha se contempla una muestra sobre el caricaturista Antonio Helguera (1965-2021), admirador de las locomotoras y las vías, y un encuentro de especialistas que analizarán la importancia de este transporte en el pasado y en la actualidad.
Del 4 al 16 de agosto, el recinto celebrará una edición especial del programa Estación verano, que incluye 17 talleres creativos para niños y jóvenes, además de una decena de actividades culturales, artísticas, recreativas y comunitarias.
En entrevista con La Jornada, Teresa Márquez destacó la importancia de la cultura ferroviaria en México, la conformación de la colección del museo y las actividades que realizarán el próximo año para los festejos.
“El tema de los ferrocarriles es sumamente importante. Es un ejemplo de la participación de la sociedad en las decisiones del gobierno. Este museo fue creado para rescatar la memoria de un transporte que fue como un ‘esqueleto de la nación’. Fue mediante las vías que este país conectó por primera vez pueblos y localidades con las grandes ciudades, lo que permitió aumento en la migración de la población y la llegada de nuevas culturas y objetos a otras partes de este país.”
Su desaparición cambió vidas
Según Teresa Márquez, cuando se realizó la privatización del sistema ferroviario, en 1995, en el sexenio de Ernesto Zedillo, también nació el proyecto para conservar la memoria histórica de la mano de Ferrocarriles Nacionales de México (FNM). La desaparición de este transporte no sólo involucró fuentes de trabajo, sino estilos de vida. Muchas de las fotografías, imágenes, planos y otras evidencias fueron resguardadas no por grandes coleccionistas ni por investigadores, sino por las familias de los trabajadores del riel.
“Suena un poco dramático, pero es la verdad. Cuando FNM decidió apostar con el museo nacional se propuso un programa de rescate. Se hizo un proyecto en el que participaron grupos interdisciplinarios de historiadores, ingenieros, arquitectos, arqueólogos y antropólogos para hacer un trabajo sistematizado que les permitiera identificar todo aquello que tuviera valor histórico o artístico y que fuera necesario conservar.
“Este grupo se encargó de recuperar el material que se resguarda en las instalaciones del recinto. Las brigadas de trabajo viajaron por todo el país y recorrieron tres veces los casi 6 mil kilómetros que abarcaban las vías en todo el territorio”. Hasta mediados del siglo XX, México tenía de transporte principal a los trenes.
Márquez Martínez explica que se trataba de “la columna vertebral del transporte. Su importancia comenzó a caer con la competencia del automóvil y de la aviación comercial, pero permaneció su importancia comercial y de traslado de mercancías. No fue fácil erradicarlo, porque más que un trabajo u oficio se trataba de un estilo de vida; muchos de los obreros que vivieron de este transporte, incluso después de jubilarse, formaron una comunidad que los vincula como familia. No dicen: ‘fui ferrocarrilero o trabajador’, sino que lo manejan en el presente. Lo fueron, lo son y lo siguen siendo”.
El Cedif, dirigido por Román Moreno, es el refugio de más de 200 mil planos, unas 89 mil fotografías y otros documentos que son testigo de la historia de vida de las personas que habitaron e hicieron los trenes.
La importancia de este archivo es tal, que en 2016 recibieron el nombramiento de Memoria del Mundo de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. Incluso, muchos de esos documentos son consultados hoy por especialistas de la Marina y del Ejército que se encargan de construir las nuevas vías.
“Este es un archivo vivo; tenemos una gran confianza que nos dio la comunidad ferrocarrilera. Muchos de los objetos que llegaron al Cedif vienen de las manos de familias cuyos padres, tíos o abuelos trabajaron en las vías y las locomotoras, ya sea en su construcción o en su manejo. Tenemos mucha fortuna de que mucho del material que se conservó, planos, fotos o registros, está ordenado. Los especialistas de la Marina y del Ejército nos consultan muy seguido para tener más información que los apoye en la construcción de las nuevas vías.
“Estamos digitalizando muchos archivos, porque también queremos que el público tenga acceso fácil y rápido. Curiosamente, la mayoría de los interesados no son investigadores, sino personas que vienen buscando la historia de un familiar”, refirió el experto.
El Cedif se propone crecer y contar con condiciones que garanticen la adecuada preservación del patrimonio documental ferroviario.
“Queremos incorporar 25 mil cajas de archivos históricos y 18 mil 420 planos técnicos y operativos de Ferrocarriles Nacionales de México en Liquidación, que hoy está bajo custodia del Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado. Esto nos consolidaría como el principal depositario de la memoria ferroviaria de México y como referente mundial en preservación, investigación y difusión del patrimonio documental de los trenes”, concluyó Teresa Márquez.
Omar González Morales
Fuente: La Jornada
