Elabora la UNAM terapia celular contra rechazo de trasplante renal

La mitad de las personas que reciben un trasplante de riñón mueren durante los siguientes 10 años por diversas enfermedades, desde infecciones hasta cáncer, que adquieren como consecuencia de las medicinas que toman de por vida para disminuir su sistema de defensas y evitar el rechazo del órgano. Eso puede cambiar de manera definitiva con la terapia celular que se desarrolla en el Laboratorio Nacional de Citometría de Flujo (LabNalCit) del Instituto de Investigaciones Biomédicas (IIB) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Silvia Soldevila, directora del laboratorio, explicó que casi todas las investigaciones científicas que actualmente se desarrollan para el tratamiento de enfermedades están basadas en células, las cuales se obtienen de los pacientes, se modifican para hacerlas más potentes o específicas y se regresan al organismo. De esa manera, éste adquiere la capacidad de contrarrestar problemas como el rechazo del trasplante de riñón. Es parte de la ciencia médica de innovación que existe en el mundo y también se realiza en la UNAM, afirmó.

El trabajo pionero en México que dirige Soldevila promete liberar a los pacientes de los medicamentos que deben tomar siempre para evitar que su sistema de defensas ataque al órgano trasplantado.

Con la terapia celular se producen células T reguladoras. La técnica consiste en tomar células del paciente –linfocitos T CD4 positivo– y del donador del órgano, las células monocito, que en un medio de cultivo se transforman en células dendríticas. Éstas provocan la activación del sistema de defensas.

Ambos grupos se someten a un proceso de cultivo, expansión y proliferación en el cual los científicos, con equipos de citometría de flujo de última generación clasifican las células que son específicas para proteger el riñón que se va a trasplantar.

En el Laboratorio Nacional del IIB se cuenta con una decena de citómetros que se han ido sumando en la última década. Soldevila explicó que las células tomadas del paciente se le “reinfunden ya educadas para ser inmunosupresoras o reguladoras” de aquellas que tienen como vocación rechazar el órgano trasplantado.

En el laboratorio “podemos dirigir las células reguladoras hacia lo que queremos que regulen, en este caso, el rechazo del injerto”.

Durante una visita al Laboratorio Nacional de Citometría de Flujo, Soldevila explicó el funcionamiento de los equipos y cómo logran la identificación y purificación de las células. Señaló que esta herramienta tiene diversas aplicaciones en medicina, entre ellas, es útil para el diagnóstico de males como la leucemia infantil.

Actualmente el laboratorio ofrece este servicio al Hospital Regional de Alta Especialidad del Niño Dr. Rodolfo Nieto Padrón de Tabasco y al Instituto Estatal de Cancerología de Acapulco, Guerrero.

Anahí Fuentes, coordinadora del servicio de clínica del LabNalCit, explicó que además de confirmar la presencia de cáncer, con los citómetros pueden determinar el tipo de leucemia e incluso dar información al médico tratante sobre la respuesta que la neoplasia tendrá con los tratamientos.

El “Valle de la Muerte”

Soldevila indicó que la investigación preclínica sobre la terapia celular que evita el rechazo del trasplante de riñón está concluida y ya cuenta con datos de que también es eficaz para la protección de trasplantes de otros órganos.

Además, en otros países se está empezando a utilizar la terapia celular para el manejo de las enfermedades autoinmunes, como esclerosis múltiple y artritis reumatoide, entre otras. En el LabNalCit ya existen las bases para incursionar también en esas áreas, señaló la investigadora.

Por ahora, con la terapia celular para el trasplante renal, lo que sigue es pasar a la investigación clínica (en seres humanos). Es el periodo que en el ámbito de la investigación y desarrollo se conoce como “Valle de la Muerte”.

Y es que los proyectos pueden quedar ahí, pues se necesitan recursos económicos –al menos dos millones de dólares en este caso–, que permitirán cumplir con las buenas prácticas de manufactura y obtener la licencia de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris). Soldevila comentó que ha conocido a representantes de varias empresas farmacéuticas que se han interesado por los resultados de su investigación y los califican de altamente prometedores, pero “prefieren esperar a tener los datos de la fase uno de la investigación clínica”, es decir, cuando haya comprobado que es seguro y eficaz en un grupo inicial de seres humanos.

Ángeles Cruz Martínez

Fuente: La Jornada