Entrevista con el robot

Xizang. En los corredores y en los elevadores de los hoteles del Tíbet, uno puede encontrarse con robots muy amigables, simpáticos y serviciales.

La industria de los robots en China experimenta una expansión masiva sin precedente. Es el país líder en el mundo en producción y adopción de robótica industrial y humanoide.

Cuenta con fuertes subsidios gubernamentales y una cadena de suministros sumamente integrada.

En los hoteles del Tíbet, uno puede pedir comida o artículos diversos con aplicaciones de pago como WeChat y AliPay.

En poco tiempo llega el repartidor y coloca el paquete en el compartimento del robot, que lo está esperando en la puerta del hotel.

El robot se conecta por wifi o por Bluetooth al sistema de elevadores y se dirige hacia los ascensores, espera a que se abran las puertas y entra. Con el piso y número de habitación visible en su pantalla frontal, cuando llega a la puerta del destinatario, avisa al huésped, quien abre la puerta de su habitación y saca del compartimento del robot lo que pidió. No recibe propinas el aparatito.

El ir y venir de estos encantadores robots causa sensación entre las personas, que les abren paso como si se tratara de alguna personalidad importante, los rodean cariñosamente dentro del elevador y se despiden de él amablemente cuando descienden en el piso correspondiente.

Mi convivencia cotidiana con estas máquinas no podía ser ajena a mi trabajo periodístico, de manera que decidí realizar una entrevista a una de ellas.

Cuando me acerqué, mostró en su pantalla la siguiente leyenda: “I am working. Please do not disturb”.

Ante ello, reduje mi cuestionario a una sola pregunta, en honor a don Philip K. Dick y su novela titulada ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, luego hecha filme, Blade Runner, por Ridley Scott. Así que pregunté al dulce robot:

–¿Sueñas con ovejas eléctricas?

Y el robotito (o robotita, por los moñitos en su cabeza) me respondió: “&%°¡#&”#°”, lo cual interpreté como un “sí”.

Pablo Espinosa, enviado

Fuente: La Jornada