Exhiben en Milán una cartografía del desarraigo

Milán. Mientras la investigación académica y los organismos internacionales alertan sobre una crisis global de desplazamiento forzado causada por guerras, persecuciones, violencia, pobreza, colapsos políticos y cambio climático, en Estados Unidos y Europa la inmigración se ha convertido en uno de los principales blancos de la extrema derecha y de los discursos soberanistas. Frente a esta narrativa, la exposición Out of Place, organizada por la Fundación Imago Mundi y presentada en la Fundación Luigi Rovati de Milán, invita a mirar el fenómeno desde quienes lo viven: artistas refugiados que habitan o han habitado 18 de los mayores campos de exiliados y asentamientos del mundo.

Impulsado por Luciano Benetton, quien ha expresado su firme deseo de que esta muestra itinerante alcance sedes internacionales, el proyecto reúne 284 obras creadas por 264 artistas en el pequeño e icónico formato de 10 por 12 centímetros, propio de la colección Imago Mundi. Realizado entre 2022 y 2024 bajo la curaduría de Claudio Scorretti, Irina Ungureanu y Amanullah Mojadidi, con el apoyo de 11 cocuradores regionales, el estudio despliega una cartografía del desarraigo que atraviesa África, Asia, Ucrania, el Mediterráneo, Centroamérica y Sudamérica. Mediante estos testimonios visuales, la colección busca devolver la identidad individual y la dignidad a quienes el término genérico “refugiado” suele anonimizar, revelando la cruda paradoja de nuestro tiempo: cómo los asentamientos concebidos inicialmente como soluciones temporales han evolucionado hasta convertirse en “ciudades accidentales” y estados permanentes de vida.

Palestina

Jordania alberga cinco de los campos de refugiados palestinos más antiguos del mundo, desde Irbid (1951), surgidos tras la Nakba (La Catástrofe) de 1948 y los conflictos posteriores. Hoy reúnen a unas 257 mil personas; Baq’a es el mayor. Según la Unrwa, más de siete décadas después, cerca de 6 millones de refugiados palestinos continúan desplazados, en una de las crisis de desplazamiento forzado más prolongadas del mundo, y Jordania sigue acogiendo la mayor comunidad registrada.

En estos asentamientos, 15 artistas convierten la memoria, el exilio y la espera del retorno en el eje de su obra. Hanan Hamdouni borda a dos niños jugando canicas en estrechos callejones para denunciar la falta de espacios para la infancia. Saja Hamdouni, nacida en Irbid, fotografía las duras condiciones de vida y define el campamento como una “pequeña Palestina”, donde sobreviven los nombres de ciudades, pueblos y mártires. Nadia Abu Hammam modela en arcilla, sobre la pequeña tela característica de la colección, un carrito de manzanas acarameladas, uno de los oficios más comunes para subsistir.

A ellos se suma Za’atari, el mayor campo de refugiados sirios en Jordania, abierto en 2012 tras el inicio de la guerra civil. Llegó a albergar 120 mil personas y hoy acoge unas 80 mil, la mitad niñas y niños que nunca han conocido otro hogar. Allí, el peluquero sirio Mohamad Jokhadar ha transformado los muros del campamento en un “oasis de magníficos colores”, con murales que promueven la educación y el cuidado de la salud.

Sáhara Occidental

Tras la retirada de España del Sáhara Occidental en 1975 y la ocupación del territorio por Marruecos, miles de saharauis huyeron a la Hamada argelina, una de las regiones más inhóspitas del planeta. Allí surgieron cinco campamentos que hoy albergan a unas 173 mil personas; Smara es el mayor.

En Tent (2024), Menina Alkeihel convierte la jaima, la tienda de los nómadas saharauis, en símbolo de hogar e identidad. Realizada con tela de carpa e hilos, la obra rinde homenaje a las mujeres que improvisaron los primeros refugios con sus propias prendas y a la twiza, la tradición de trabajo colectivo que mantiene unida a la comunidad.

En Untitled (2024), Adad Ammi retrata a unos niños corriendo entre risas hacia la tienda de su abuela antes de una tormenta de arena. Con esa escena cotidiana desafía la imagen de los refugiados como personas únicamente “tristes, pobres y hambrientas” y reivindica la alegría y la esperanza como formas de resistencia.

Kenia

Los campos de Dadaab y Kakuma, creados en Kenia a principios de los años 90 para acoger a refugiados de Somalia y Sudán, se convirtieron en refugio para quienes huían de nuevas guerras, persecuciones y sequías en el Cuerno de África. Hoy albergan a 473 mil personas, en su mayoría somalíes, y funcionan como auténticas ciudades, con mercados, escuelas, centros de salud y una intensa red de intercambios económicos.

Crear es un acto de resistencia y sanación. Iniciativas como Artists for Refugees documentan sus propias historias para desafiar los estereotipos y reivindicarse primero como artistas y después como refugiados. La colección celebra la creatividad que florece incluso en la llamada “ciudad de las espinas” –como Ben Rawlence bautizó Dadaab–, capaz de transformar una realidad extrema. El sudsudanés Stephenal Thaky resume el exilio con una frase demoledora: es vivir con las manos y la mente listas para actuar, pero sin poder hacer nada; con boca, pero en silencio; encadenado”.

Kutupalong

Kutupalong, en Bangladesh, es el mayor campo de refugiados del mundo. Alberga a unas 600 mil personas de la minoría rohingya, convertida en una de las mayores poblaciones apátridas tras perder la ciudadanía en Myanmar en 1982. En 2017, una campaña del ejército birmano ampliamente descrita como genocida desencadenó su éxodo masivo hacia Bangladesh.

El fotoperiodista bangladeshí Abir Abdullah retrata con dramática belleza la lucha por la supervivencia durante aquel éxodo. En su testimonio enlaza esa tragedia con la guerra de independencia de Bangladesh, vivida en su infancia, y asegura que en 2017 presenció lo “peor de lo que podía imaginar”. Para él, las víctimas cambian, pero la violencia conserva el mismo rostro.

Es quizás el conjunto más conmovedor de la exposición. Hairul Amin retrata el cruce de ríos durante la huida; Asun, artista sordo, muestra a mujeres avanzando bajo la lluvia con sus pertenencias sobre la cabeza y sus hijos en brazos; Aziz Khan se autorretrata recordando los libros que tuvo que abandonar al escapar de Myanmar. Frente a esas escenas de exilio, Shofikul Isla devuelve la mirada a la vida cotidiana con una mujer que extrae agua de un depósito del agua en un entorno tropical, mientras Mojibur Rahman pinta una escena de activismo para reivindicar los derechos de su pueblo.

América Latina

En América Latina, el proyecto encabezado por el multipremiado fotoperiodista mexicano Guillermo Arias se centró en el éxodo desde el Triángulo Norte de Centroamérica y Venezuela hacia Estados Unidos. El trabajo, realizado en albergues de México y Colombia con migrantes, entre ellos menores no acompañados y familias desplazadas, muestra cómo las caravanas se han convertido en una estrategia de protección colectiva frente a una ruta marcada por la violencia, la pobreza, la persecución política y los abusos de bandas criminales, traficantes e incluso autoridades corruptas.

En American Dream, Thayli Benoa, nicaragüense de 45 años acogida en la Casa Arcoíris de Tijuana para refugiados LGBT+, representa el viaje migratorio mediante un muro coronado de alambre de púas que divide dos mundos, donde la muerte y la desesperación parecen repetirse a ambos lados: cruces, un cuerpo ahogado en el río Bravo, lágrimas y duelo. En su testimonio describe el camino como un recorrido de “amargura, hambre, sed y amenazas de muerte”, y concluye: “¡esto no es migración! Es la lucha por sobrevivir para el mañana, por tu familia y por ti mismo; es el sacrificio de algunos por el bien de otros”.

Europa tampoco ha escapado a la lógica del campamento. Desde las estructuras levantadas para acoger a los millones de refugiados ucranios desplazados a partir de 2022 hasta los precarios asentamientos de las rutas mediterráneas en Italia y Grecia, espacios como Moria, en la isla de Lesbos, se han convertido en símbolos del hacinamiento, la espera y la incertidumbre sobre el asilo. Muchos de estos lugares, concebidos como temporales, se han transformado en auténticas “ciudades accidentales”, donde la provisionalidad deja de ser una excepción para convertirse en condición permanente.

La exposición concluye el 19 de julio.