Guillermo Arriaga hizo de la danza su lenguaje; celebrarán su centenario natal

Guillermo Arriaga Fernández (1926-2014) escribió con el cuerpo. En 300 obras plasmó lo que pensaba y sentía, haciendo de la danza su lenguaje. El 4 de julio se cumplieron 100 años de su natalicio, y su legado se recordará hoy en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes en una mesa de reflexión con la participación de la investigadora Margarita Tortajada, la maestra Carmen Correa y el coreógrafo Rodrigo González.

Con motivo del centenario del artista que marcó el paso de la danza moderna a la contemporánea en el país, la Secretaría de Cultura (SC) federal anunció que se realizarán actividades conmemorativas, entre ellas una exposición documental como parte del 48 Premio Nacional de Danza Guillermo Arriaga, Concurso de Creación Coreográfica Contemporánea Inbal-UAM; el remontaje de Zapata, con la Compañía Nacional de Danza, durante la final del certamen, el primero de septiembre; la publicación en noviembre de un libro sobre la historia del premio, y la incorporación de su acervo al nuevo repositorio digital del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (Inbal).

De acuerdo con la institución, el Fondo Documental Guillermo Arriaga Fernández es uno de los acervos más importantes de la danza mexicana al resguardar 18 mil 600 documentos. El archivo también revela su faceta musical, ya que el maestro compuso alrededor de 2 mil temas, muchos de los cuales son inéditos. Uno de los pocos que llegaron al público fue Cómo haré para entender, interpretada por Camilo Sesto en los años 70.

La muestra, que se prevé inaugurar en septiembre en el Teatro de la Danza, reunirá documentos, fotografías, programas de mano, bocetos, manuscritos y piezas inéditas del fondo. Estará dividida en seis ejes temáticos: niñez, juventud y madurez; inicios en la danza; obras coreográficas; Zapata, un hito en la danza mexicana; funcionario y promotor cultural, y otras facetas, apartado que permitirá acercarse a su trabajo de compositor y escritor.

A propósito del centenario natal del artista, el coreógrafo Rodrigo González compartió a La Jornada: “Arriaga fue un creador excepcional. Tenía una calidad humana enorme, mucho carisma y una cultura vasta. Era un hombre de trabajo diario. Con él vi que la creatividad no se agota: se transforma. Si no escribía un cuento, recordaba una canción que compuso, revisaba videos, estudiaba o leía. Siempre estaba pensando en qué más hacer”.

Agregó que Arriaga Fernández fue melómano empedernido y acumuló una gran colección de música, libros y documentos. “Era obsesivo con el orden de sus archivos. Pasó del devedé al emepé3, de lo digital a discos duros y memorias externas. Siempre buscó que su material se preservara y se mantuviera vigente”.

Sobre su lenguaje coreográfico, Rodrigo González explicó: “él venía del teatro y tenía un bagaje muy amplio. Conocía a fondo la plástica mexicana: era amigo cercano de Guadalupe Rivera Marín, de Ruth Rivera y del grupo de los Coronel. Ese cruce con otras disciplinas le daba otro carácter, otro contenido y otra expresividad a su danza. Nutría su trabajo de manera distinta a otros creadores.

“Conoció de cerca a José Limón y fue discípulo cercano de Waldeen y de otras influencias de coreógrafos cuando se fue a Estados Unidos. También estuvo con Merce Cunningham en París. Su conocimiento del folclor mexicano, su investigación, sus rescates, todo eso hacía un universo muy particular y su propio movimiento. Era la combinación de inteligencia, carisma y capacidad para visualizar, proyectar y conceptualizar estructuras, lo que dio rasgos tan específicos a su quehacer coreográfico. Y no dejaba de moverse: hacía ejercicio todos los días, aunque fuera acostado en la cama, sentado en una silla o en el comedor.”

González recordó que la última obra de Arriaga, Soy, la creó en la sala de su casa. “Mostraba movimientos, se los pedía al bailarín y así la fue armando hasta concluirla. La estrenamos en Japón y nos fue muy bien. Es una pieza bella, como una retrospectiva”.

Para Rodrigo González la pieza que define a Arriaga es Zapata. “Es su obra emblemática, la que marcó su historia coreográfica y la danza mexicana. Cierra la época moderna e inaugura la contemporánea. Al maestro le interesaba la temática social: la denuncia, la protesta, la confrontación al sistema. Zapata es el ejemplo, pero también hizo otras obras contestatarias que buscaban generar grietas en el pensamiento”.

En opinión de González, el maestro dejó conocimiento y legado a quienes siguieron su camino. A él se debe la fundación del Ballet Mexicano, el Ballet Popular de México, el Conjunto Folclórico Mexicano del Seguro Social y la Compañía Mexicana de Danza Contemporánea, así como el Centro Nacional de Investigación para la Danza José Limón.

Sus obras más representativas son El sueño y la presencia (1951), La balada mágica (1952), Zapata (1953), Cuauhtémoc (1954) y La recepción del fuego olímpico en Teotihuacan (1968).

La mesa de reflexión Centenario de Guillermo Arriaga se realizará hoy a las 12 horas en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes (avenida Juárez y Eje Central Lázaro Cárdenas).

Fabiola Palapa Quijas

Fuente: La Jornada