Un recorrido por la milenaria historia del juego de pelota en Mesoamérica, y en especial de la estructura ritual del teotlachco mexica, se podrá realizar a través de las más de 100 piezas –muchas de éstas expuestas por primera vez y provenientes de diversas ofrendas– en la exposición El juego de pelota en Tenochtitlan, que se inaugura hoy en el vestíbulo del Museo del Templo Mayor e incluye maquetas, fotografías, gráficas y una proyección.
Raúl Barrera Rodríguez, director del Programa de Arqueología Urbana (PAU) y curador junto con Lorena Vázquez Vallín y Eduardo Matos Moctezuma, refirió que la muestra surgió “tras las excavaciones en el predio de Guatemala 16, donde en 2010 fue hallado la parte posterior del Templo de Ehécatl y en 2014 encontramos la parte externa del juego de pelota, lo cual nos permitió conocer ampliamente los rasgos arquitectónicos del llamado teotlachco”.
Con museografía de Bianca Moreno, “se expondrán piezas que fueron halladas durante las excavaciones de Leopoldo Batres, a principios del siglo XX, quien halló algunas ofrendas, incluidas cinco esculturas en forma de esfera que representan las pelotas de hule, además de otros objetos prehispánicos recuperados durante la construcción de la línea 2 del Metro, en el salvamento arqueológico coordinado por Jordi Gussinyer, así como de la investigación y exploración del PAU en la parte posterior de la Catedral Metropolitana”, agregó Barrera Rodríguez.
Vázquez Vallín comentó que la muestra temporal estará abierta hasta finales de septiembre. “La idea es ofrecer un panorama general del juego de pelota mesoamericano, una tradición que no nace con los mexicas, sino que viene de tiempo atrás. De esta práctica se explica dónde aparece, así como sus usos y significados; luego dirigimos al visitante hacia el juego de pelota en el recinto sagrado de Tenochtitlan, el juego de los dioses, el llamado teotlachco. También mostramos las ofrendas que se han conocido en torno a este edificio, porque si bien era una actividad lúdica y tenía un sentido de entretenimiento, nació primero con un profundo sentido religioso mediante diversas ceremonias”.
La curadora agregó: “presentamos una reconstrucción hipotética del teotlachco mexica, basado tanto en la arqueología como en las fuentes históricas, que da cuenta de cómo era el juego de pelota, además de una estela de jugador de Tula y unas bolas de hule provenientes de El Manatí. Igualmente se explica el simbolismo de estas esferas y su material, así como de los métodos de conservación”.
Otro momento del recorrido, agregó Vázquez Vallín, es describir “qué pasó con el juego de pelota a la llegada de los españoles y cómo se transformó esta actividad, la cual hasta ahora se sigue jugando con algunas variantes”.
Barrera Rodríguez destacó: “se mostrarán por primera vez las cinco esculturas con representaciones de pelota halladas por Batres a principios del siglo XX, así como objetos de la ofrenda descubierta por Gussinyer a finales de los años 60, de las cuales sobresalen dos representaciones miniatura de juegos de pelota en piedra verde”.
Lorena Vázquez detalló que de las piezas emblemáticas asociadas con el teotlachco se expondrá “una ofrenda hallada en 2014 por el PAU que consta de 32 conjuntos de vértebras cervicales –cuellos y fragmentos de cráneos– depositadas por los mexicas, lo cual tiene un significado muy profundo relacionado con la práctica del sacrificio humano, el cual está ligado con la renovación de los ciclos vitales y empata con el significado que tenía el juego de pelota”.
Las piezas de la exposición provienen de los trabajos del PAU en torno al recinto sagrado del Templo Mayor, así como de los museos Nacional de Antropología, del Regional de Nayarit, del Guillermo Spratling de Taxco y el de la Cultura Teotihuacana.
De manera paralela a la muestra, en el mismo recinto se ofrece un ciclo de conferencias los sábados hasta el 29 de agosto, en las que participarán varios especialistas, así como una exhibición del ulama, con jugadores de la UNAM, el 15 de agosto y la publicación de un catálogo de la exhibición.
Ana Mónica Rodríguez
Fuente: La Jornada
