La exposición El arete en el ombligo: La contracultura está en la casa es un llamado a romper con los conceptos tradicionales de la feminidad, identidad, la empatía y la idea del cobijo humano. La muestra reúne obras de cuatro artistas que por medio de instalaciones dialogan con la historia del Ex Teresa, en el Centro Histórico de la Ciudad de México.
El director del recinto, Luis Orozco, afirmó que esta exhibición invita a reflexionar sobre la historia del templo, los eventos que lo marcaron, los actos sociales que dieron pie a la resistencia, así como a repensar la humanidad.
“Como museo acabamos de cumplir 33 años y queremos buscar en nuestra historia y rememorar a algunos de nuestros directores y artistas sin dejar de ver a futuro. Entre las piezas de esta muestra reiteramos nuestro compromiso de pensar sobre la importancia de la indumentaria, la humanidad y lo popular. En especial es lo que significa el cuerpo, como una ‘cosa escultórica’ sin ser un referente natural”, comentó.
Entre las obras destaca Performance es el nuevo muralismo, creada por Pepx Romero, en la que se replantea la historia del recinto. El retablo monumental está conformado por 20 cuadros en los que aparecen Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros e incluso las carmelitas descalzas que inicialmente habitaron el ex convento. Esta pieza está ubicada en la parte trasera del presbiterio.
Catedral del performance
En la parte inferior se pueden observar algunos objetos prehispánicas que fueron encontrados en los alrededores de ese espacio: la piedra que retrata a la Coyolxauhqui, la efigie de Mictlantecuhtli, un Chac Mool y otra estatua de Xipe Totec, entre otros.
Al respecto, el creador explicó: “me tomó poco menos de un año de investigación y la hice con base en imágenes del archivo del Ex Teresa. Me enfoqué en los cambios que ha habido en este museo y que desde hace poco más de tres décadas es considerada la catedral del performance. Este proyecto lo puedo definir como ‘arte actual para un país ancestral’. Es un homenaje a los que dieron forma a este espacio, a quienes incluso sangraron aquí para que nosotros podamos presentar nuestros trabajos”.
En la zona de la capilla, se encuentra la instalación denominada Una textilera…, en el que se rinde homenaje a las costureras que fallecieron durante el terremoto de 1985. Elaborada por Frank López, especialista que lleva más de 15 años trabajando en telas, la pieza es una crítica a la insensibilidad social. La obra es sostenida por delgados hilos metálicos. En el suelo se incluye una manta de protesta con la leyenda “Una costurera vale más que toda la maquinaria del mundo”.
Dicha reflexión –asegura el creador de la pieza– es una crítica a la insensibilidad de los gobiernos y empresarios ante las víctimas de aquella tragedia y sus familiares. “Me enfoqué en hablar de las costureras que murieron en Tlalpan durante el sismo. Lo peor es que no se sabe cuántas fallecieron porque eran trabajadoras irregulares; pudieron ser 300 mil o 500 mil. La consigna de la manta la tomé de las protestas que realizaron las familias que buscaban justicia, debido a que los dueños de las fábricas intentaron primero recoger las herramientas que aún funcionaban antes que ayudar a buscar los cuerpos de esas mujeres”.
En tanto, la artista conocida como Santísima Kitsch busca poner sobre la mesa la doble moral hacia la feminidad. Con el Altar dedicado a las Carmelitas Descalzas, a las cuales rinde homenaje mediante piñatas, figuras religiosas y cartas mientras juega con la sensualidad.
La instalación se enfoca en la figura de la Virgen, el juego entre las princesas y el cabello. Jugando con el arte pop, agrega también elementos de desnudo para hablar sobre la represión y la cosificación sexual.
“Mi trabajo tiene que ver mucho con lo popular y el sarcasmo. Me enfoqué en transformar el mundo para verlas a través de mi cuerpo y estándares, son nuevos personajes. Hay una con la que reflexiono sobre el amor, la puse sin ojos porque precisamente cuando uno se enamora se queda ciego y pendejo, es sólo un ejemplo”, aseguró.
Por último, las piezas de Farlopa buscan acobijar al público; su trabajo se basa en el aspecto suave y terso similar a la felpa. Debajo de ellas se pueden ver figuras de pasto sintético que asemejan los populares círculos en campos de cultivo. Las obras tienen colores brillantes, lo que él llama “de computadora” y los asemeja a la inteligencia artificial.
“Mis trabajos son una interpretación de mis sueños de la infancia y de mi futuro ideal. Creo que cuando pensamos al respecto lo hacemos en algo cómodo y sin carencias. Justo las formas de pasto son mi propuesta de jugar con la idea de la ausencia del humano. No me gusta trabajar con cuerpos”, señaló.
La exposición Un arete en el ombligo: La contracultura está en casa permanecerá abierta al público hasta el 30 de agosto en el Ex Teresa Arte Actual, ubicado en Licenciado Verdad 8, colonia Centro, alcaldía Cuauhtémoc. Entrada libre.
Omar González Morales
Fuente: La Jornada
