Una reinterpretación novedosa “de una época crucial en la historia colonial”, donde se devela de manera meticulosa cómo el poder del papeleo transformó el Nuevo Mundo, se desarrolla en el libro The Radical Spanish Empire (El imperio español radical), que sale a la luz tras una ardua investigación documental en más de un millón de páginas.
La publicación, en coautoría de Jorge Cañizares-Esguerra y Adrián Masters, editada por Harvard University Press, en cinco capítulos, critica las narrativas maestras sobre la Conquista y plantea “una historia pionera de lucha política en el Nuevo Mundo español, donde plebeyos y élites por igual desafiaron el orden social mediante el notable poder del papeleo”.
Es decir, explica Cañizares-Esguerra, quienes se oponían a la Nueva España “recurrieron no sólo a la violencia abierta, sino también a una enorme cantidad de papeleo: peticiones, quejas, demandas y testimonios secretos. A través de esta ‘leyfare’ popular, los vasallos socavaron las dinastías señoriales emergentes de los conquistadores, despojaron a los frailes de su autoridad teocrática y limitaron el poder de los señores nativos”.
Además, colectivamente, “lideraron movimientos contra la tiranía y la esclavitud, propusieron y desafiaron leyes, produjeron nuevos tipos de conocimiento, crearon archivos y relatos históricos, y cuestionaron la naturaleza misma de la verdad”.
El investigador detalló que los archivos cobran una autoridad que antes no tenían para crear un nuevo orden social. En ese contexto, emergen también los códices, “documentos de batallas políticas radicales, que se convierten en puentes de evidencia de culturas desaparecidas”.
The Radical Spanish Empire tendrá una edición en español a principios de 2027, pero antes se realizará un conversatorio sobre el libro en El Colegio de México, el 22 de octubre, con la participación de especialistas. La obra se ha presentado en mesas redondas organizadas en México por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, la Benemérita Universidad de Puebla, así como en los Institutos de Investigaciones Históricas y Filosóficas de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Cañizares-Esguerra, profesor de historia en la Universidad de Texas en Austin, dijo en entrevista con La Jornada que se trata de un libro “que tomó más de 10 años en nacer; lo trabajé junto con Adrián Masters y cubre el siglo XVI. No estudiamos todo el periodo colonial, sino el comienzo del proceso después de la Conquista hasta 1580; éste fue un periodo de radicalismo antiseñorial que culmina con la estabilización del sistema”.
El radicalismo, dijo, “se originó en general en las poblaciones indígenas, comuneros, plebeyos, españoles, afrodescendientes y mujeres; es decir, las personas comunes, los más débiles o vulnerables, participan a través de canales políticos con el papeleo, que es una forma de hacer política mediante la denuncia, la petición, la queja, el litigio, las auditorías, y no sólo por medio de la violencia como se ha visto siempre la Conquista, sino con formas de hacer política indirectamente”.
Pero “en vez de hacerlo a través de la imprenta o del libro, lo hacen de manera manuscrita, con peticiones, denuncias, auditorías, papeleo, lo cual elimina en 70 años dos estructuras sociales de señorío; a eso lo llamamos radicalismo”.
De 1570 1580 “se consolida un sistema de administración donde los encomenderos, frailes y señores naturales que habían tenido el control de las Américas lo pierden y se delegan tres sistemas, asociados a los virreyes, obispos y a la Inquisición, que llevan a un nuevo orden social. El primer periodo de 70 años fue de gran desorden, radicalidad y desobediencia generalizada de muchos sectores que se oponen a sistemas señoriales, pero la Corona originalmente no tenía interés en administrar la América española.
“La Corona imaginaba que un orden aristocrático, rígidamente jerárquico, florecería tras su paso. Al principio, esta visión parecía estar al alcance: los grandes conquistadores gobernaban como nobles sobre millones. Pero en contraste a las expectativas, el imperio español en el Nuevo Mundo se convirtió rápidamente en un foco de esfuerzos radicales para derrocar el orden emergente. Con los conquistadores en retirada, surgieron nuevos enclaves controlados por poderosos frailes y señores nativos, quienes también llegaron a colapsar.”
Así se presentan ante la Corona “miles de narrativas sobre la legitimidad de quienes desean dirigir vasallos y tierras. Esto genera mucho escepticismo sobre la credibilidad de las muchas versiones de orígenes y linajes que todos disputan. Dentro de las comunidades se multiplican narrativas y códices de facciones rivales. De ahí surgen cientos de interpretaciones sobre el origen de los nahuas o los aztecas, dependiendo de los grupos que las producen”.
Esa época “fue un periodo de mucha duda donde la Corona no sabía, como sistema administrativo y de gobierno, y se parte del principio de que nadie dice la verdad por la naturaleza de la política del papeleo”.
Entonces, el poder de la Corona “no se basa en el monopolio de la violencia, sino en su poder simbólico como mediador legítimo de conflictos entre facciones”.
Caso Hernán Cortés
Entre numerosos ejemplos, los autores abordan el caso de Hernán Cortés tras la Conquista, quien recibió muchas denuncias y quejas sobre su proceder; además, “se había enemistado con el gobernador de Cuba durante la Conquista y había librado una ardua lucha contra conquistadores rivales de la región”.
Acosado por las peticiones que sus rivales dirigían a la Corona, refieren los investigadores en el libro, “Cortés perdió la gobernación en 1526, y entre las numerosas acusaciones figuraba la de desobedecer y alzarse en tiranía”.
Para 1529 “afrontaba unos 86 pleitos, incluidas denuncias de carpinteros, artilleros, cartógrafos y cuidadores de caballos por cuentas impagadas”, y “cuando se trasladó definitivamente a España en 1540 para proteger su señorío y sus títulos de denuncias de toda índole, Cortés lidiaba con unos 30 grandes pleitos y contrademandas que lo mantenían endeudado, a merced de banqueros genoveses y envuelto en conflictos no sólo con la Corona, sino incluso con sus representantes legales”.
La publicación detalla que “cientos de personas testificaron contra él; un solo testigo aportó casi 500 páginas de declaraciones y muchos otros, incluidos invitados a su casa, alegaron que Cortés había estrangulado a su esposa en 1522 tras una pelea. Las mujeres desempeñaron un papel central en los testimonios contra Cortés”.
Cañizarez-Esguerra, es autor de Cómo escribir la historia del Nuevo Mundo, Conquistadores puritanos y Naturaleza, Imperio y Nación, y Adrian Masters es líder de proyecto en el Departamento de Historia de la Universidad de Tréveris y autor de We, The King: Creating Royal Legislation in the Sixteenth-Century Spanish New World.
Ana Mónica Rodríguez
Fuente: La Jornada
