OCUS busca recuerdos alegres en niñas y niños de Casa Hogar Santa Eduwiges

Integrantes de la Organización de Comunicadores Unidos de Sinaloa visitaron la Casa Hogar para convivir con niñas y niños, llevaron pasteles y juguetes, y entregaron regalos donados por el empresario Luis Puente Pérez, quien apoyó esta jornada solidaria mediante gestión directa de OCUS


Los Mochis, Sinaloa. – La mañana de este sábado la Casa Hogar Santa Eduwiges se convirtió en escenario poco común en tiempos de prisa: periodistas que dejaron la agenda para compartir la vida cotidiana de niñas y niños que cargan historias más grandes que su edad. La Organización de Comunicadores Unidos de Sinaloa, encabezada por su presidente, Eduardo Sánchez Encinas, llegó acompañada por Ramiro Cazárez, Mario López, Alfredo Ayala, Elsa Soto, Alfredo Ortiz y Mao Agustín, no para cubrir una nota, sino para construirla con gestos.


Pasteles, juguetes y colores viajaron con ellos, pero lo que realmente llenó el espacio fue la disposición de quedarse, escuchar y jugar. No hubo poses forzadas ni discursos largos. Hubo manos que tomaron crayones, risas que rompieron la timidez y una energía distinta que se filtró por los pasillos de una casa que, más que edificio, es refugio.


Con un ambiente alegre y cercano, los comunicadores recorrieron las áreas comunes, compartieron alimentos con los niños y se sumaron a dinámicas espontáneas que nacieron sin guion. Cada juego fue una tregua frente a pasados difíciles. Cada risa fue una forma de resistencia.

OCUS en convivencia en la Casa Hogar Santa Eduwiges


En nombre de la directora Karla América Rojo Montes de Oca, Paola Camarero Alcántar, vicepresidenta del Patronato y directora operativa de la Casa Hogar Santa Eduwiges, agradeció la visita y la sensibilidad mostrada por los integrantes de OCUS. Señaló que ese gesto no solo alimenta un día, sino que sostiene semanas enteras de ánimo colectivo, y añadió que cada presencia solidaria refuerza el trabajo silencioso de quienes cuidan, educan y acompañan a los niños todos los días, recordando que la fuerza de la casa hogar no está en sus muros, sino en la red humana que la sostiene.


Durante la jornada, Jennifer López acompañó de cerca a los comunicadores, facilitando la convivencia y apoyando cada actividad, moviéndose entre niños y visitantes como un puente discreto que hizo posible que todo fluyera con naturalidad.














Parte de los regalos que llenaron de sonrisas la jornada fueron posibles gracias a la generosidad del empresario Luis Puente Pérez, quien donó varios de los obsequios mediante la gestión directa de la Organización de Comunicadores Unidos de Sinaloa. Su aportación permitió ampliar el alcance de la visita y sumar más momentos de alegría para los niños, mostrando que cuando sociedad civil y comunicadores se articulan, los gestos pequeños se vuelven significativos.


La directora de la institución, Karla América Rojo Montes de Oca, ha recordado en múltiples ocasiones que la Casa Hogar Santa Eduwiges no solo ofrece techo, sino acompañamiento integral: educación, atención psicológica, cuidados médicos y contención emocional para cada niño que llega a este espacio. El proyecto vive gracias a la suma constante de voluntades, no por abundancia de recursos, sino por persistencia comunitaria y compromiso social.


La visita de OCUS fue una expresión clara de que el periodismo también puede ser presencia social, una forma de estar donde importa y de acompañar sin reflectores. En tiempos en que la comunicación se mide por clics y velocidad, este grupo decidió medirla por tiempo compartido.


Para los periodistas presentes, la experiencia también fue un espejo. Hoy, la noticia no fue una declaración ni un acto oficial, sino la capacidad de un grupo de adultos de sentarse en el piso a jugar y compartir con quienes más lo necesitan.


La Casa Hogar recordó también que necesita apoyo permanente. No solo donaciones económicas, sino tiempo, voluntariado, difusión y acompañamiento, porque cada visita abre una posibilidad y cada voz que cuenta su historia multiplica la red que la sostiene.


Al final de la visita no hubo despedidas solemnes, sino sonrisas que se resistían a irse. Hubo promesas simples: volver, mantenerlos presentes y no olvidarlos cuando la agenda vuelva a llenarse. Los comunicadores se fueron con menos prisa y con el corazón un poco más ligero, y los niños se quedaron con algo más que juguetes: la certeza de que, por unas horas, fueron el centro de todas las miradas.


Porque a veces el periodismo no cambia el mundo con titulares, sino con actos pequeños que enseñan a otros a mirar distinto.