Madrid. Antes de su muerte, el 23 de mayo de 2025, el fotógrafo y conservacionista Sebastião Salgado se refugiaba durante horas en su archivo personal para revisar las decenas de miles de imágenes que había tomado a lo largo de su vida. Uno de los propósitos era explicar, por medio de las láminas el proceso interno de la creación del agua, que el artista brasileño consideraba el “bien más precioso de la vida”.
Y así surgieron los dos trabajos que ahora se exponen de forma conjunta en la Fundación Canal de Madrid, Aqua Mater y Glaciares, en los que mediante 92 fotografías Salgado se sumerge en los 4 mil 400 millones de años de historia del agua para mostrar su fragilidad y belleza y constatar que ese elemento es el origen de la vida.
Se trata de la primera exposición de Salgado desde su fallecimiento y en la que participaron directamente su hijo, Juliano Salgado, que viajó a Madrid para su inauguración, y la que fue su pareja y compañera de vida, Lélia Wanick Salgado, quien envió un mensaje con motivo de la exposición: “En estos tiempos de calentamiento global, con el aumento de la temperatura de los océanos y el deshielo de los casquetes polares, en un grave contexto de desequilibrio climático, esta exposición ayuda a recordar la importancia esencial del agua, en todos sus estados y con toda su belleza, para nuestra supervivencia y la del planeta”.
El lugar elegido para la exposición fue un antiguo depósito del Canal de Isabel II de Madrid, el ente público responsable de cuidar y purificar los manantiales y pantanos de la sierra de Guadarrama para abastecer de agua potable a toda la región. Se trata de un espacio de más de 2 mil 500 metros cuadrados en el que hay hasta 144 arcos de ladrillo, cada uno de ocho metros de altura, que se asemeja a un antiguo aljibe donde se conservaba el agua en la antigüedad.
Actualmente este depósito está en desuso y sirve para actividades culturales y educativas de la Fundación Canal, sobre todo para generar conciencia sobre los efectos del cambio climático y la urgencia de cuidar con celo el medio ambiente.
La exposición Aqua Mater reúne fotografías que tomó Salgado a lo largo de su vida y que cuyo tema y preocupación central era el agua y sus misterios, mostrar su belleza, tanto en lo sublime como en lo terrible; la fuerza armónica de un glaciar, el vuelo de cóndor con el Perito Moreno de fondo o los estragos de la sequía en poblados africanos.
Juliano Salgado explicó que la mayoría de las fotografías de los Glaciares “son inéditas y mi padre las eligió personalmente en sus últimos años de vida, cuando ya no podía viajar tanto y dedicaba gran parte de su tiempo a revisar el archivo inabarcable que acumuló”. El propio Salgado las seleccionó y editó para convertirlas en una exposición y en un libro, que ahora ve la luz por primera vez en Madrid.
En sus numerosos viajes por la Patagonia, Canadá, Islandia, el Himalaya, Rusia o Georgia del Sur, Salgado se conmovió con la belleza y la fuerza metafórica de los glaciares, entre otras cosas, porque ahí vio que estaba el origen de la vida: “Me quedé con la sensación de que esas colosales masas de hielo, esculpidas por la naturaleza, tienen alma. El glaciar se mueve, cambia, emite sonidos, tiene vida. Es un ser vivo”, dijo el propio fotógrafo brasileño.
A lo largo de su vida, Salgado recorrió con su cámara algunos de los océanos, ríos, cascadas y desiertos de hielo más remotos del planeta para documentar este elemento en sus tres estados: sólido, líquido y gaseoso. De ahí que en las fotografías se vaya desde los torrentes vigorosos de las cataratas Victoria, en Zambia, a la escasez en las dunas de Ubari, en Libia, o de la belleza en las algas gigantes de las islas Malvinas al parque nacional de la Sierra del Divisor, en la Amazonia brasileña.
Fernando Eisenberg, director del Estudio Salgado, también asistió a la inauguración y explicó que “Salgado no se limita a registrar la naturaleza: transmite su escala, su belleza y su complejidad. Así, el agua se presenta como un fenómeno natural que conecta territorios, sostiene ecosistemas y hace posible la vida; una de las grandes expresiones de la belleza del planeta y un bien cuya conservación resulta indispensable”.
De ahí que tanto Eisenberg como Juliano Salgado recordaron el otro gran legado de su padre, además de sus fotografías, el Instituto Terra, “que es el mejor ejemplo de que la misión vital de la vida de mi padre fue la recuperación de los bosques y de la naturaleza, de hecho lo que nació desde un terreno heredado de mi abuelo de 800 hectáreas, actualmente ya hemos logrado recuperar dos mil 500 hectáreas de tierra, en donde hay más de 420 especies de árboles plantados; más diversidad que en toda Alemania”.
La exposición abrió sus puertas al público esta semana.
Armando G. Tejeda, corresponsal
Fuente: La Jornada
