Sin incentivar la inversión no se logrará soberanía en medicamentos: Canifarma

La soberanía nacional en materia de medicamentos pasa por recuperar la capacidad de producción de ingredientes farmacéuticos activos (APIS por sus siglas en inglés), que son sustancias con capacidad para controlar y curar enfermedades. El tema está incluido en el Plan México, pero faltan políticas concretas que incentiven la inversión, la cual, potencialmente, asciende a más de 7 mil millones de pesos en los siguientes cuatro años, de acuerdo con la Cámara Nacional de la Industria Farmacéutica (Canifarma).

Entre otras medidas, en la compra consolidada de medicinas, principalmente genéricos, se tendría que reconocer el valor agregado de los productos y no sólo el precio. Eso es parte de la sostenibilidad del proyecto, señaló Patrick Devlyn, presidente de la Comisión de Salud del Consejo Coordinador Empresarial.

Explicó que por el volumen de producción de APIS en el país –menor al de Asia– y la necesidad de recuperar la inversión, los medicamentos no se podrán ofrecer al mismo precio o más baratos que los provenientes de China o India, sino entre 12 y 20 por ciento más caros.

El análisis de las autoridades deberá ser integral y observar qué tanto valor generan en el país los medicamentos que se fabrican con APIS producidas en territorio nacional en términos de empleo y pago de impuestos, entre otros, comparado con las importaciones de India que no dejan casi nada de valor en México.

Desde los años 90, China e India se convirtieron en los principales proveedores del mundo de estos insumos de síntesis química a precios más bajos con respecto a la extracción de fuentes vegetales que se hacía en el país. Aunque quedaron algunas empresas muy pronto fueron absorbidas por laboratorios farmacéuticos interesados en asegurar la provisión de insumos para sus medicinas.

Información del CCE señala que hay alrededor de 25 fabricantes de sustancias activas en el país, entre ellas el laboratorio nacional Neolpharma y Teva de capital israelí y principal fabricante mundial de APIS. Cuenta con una planta en Lerma, estado de México.

Actualmente, el país depende en 90 por ciento de las importaciones de APIS y aunque desde hace más de una década los laboratorios farmacéuticos han advertido sobre el riesgo de la dependencia de Asia, se hizo evidente en la pandemia de covid-19, cuando por la emergencia sanitaria China e India prácticamente suspendieron las ventas de APIS, medicamentos terminados, dispositivos y equipos médicos al resto del mundo.

Ese escenario podría repetirse a causa del conflicto entre Estados Unidos e Irán, pues por el cierre del estrecho de Ormuz, las naciones asiáticas resienten el desabasto de petróleo para la industria petroquímica. Los fabricantes “ya avisaron que habrá retrasos en las entregas y hacia finales de 2026 alzas generalizadas en los precios de las materias primas”, comentó Diego Ocampo, vicepresidente de Tecnología de grupo Neolpharma.

Explicó que el petróleo se utiliza para la fabricación de las APIS, algunos excipientes (sustancias inactivas que coadyuvan en la absorción de las medicinas en el organismo), así como para la elaboración de los envases de plástico, entre otros.

Por separado, Patrick Devlyn aseguró que el gobierno federal conoce los planteamientos de la industria farmacéutica y de farmoquímicos. Está en el Plan México. Falta que se traduzca en una política económica e industrial que incentive, dé certeza a las empresas y así se detonen las inversiones.

–¿Cuáles podrían ser esos incentivos? –se le preguntó.

–Desde facilidades para la compra de terrenos o para ampliar las fábricas ya existentes, reducción de la carga fiscal y que en la compra pública se garanticen contratos con duración de dos a cinco años.

Sin duda, agregó Devlyn, las empresas van a invertir más y más rápido en la medida que tengan certeza con una política pública de fomento que incentive esas inversiones para, de entrada, incrementar la capacidad de producción de las ya existentes.

También podría haber compromisos para que después de algunos años de compra exclusiva de los insumos se incluya la transferencia de tecnología al Estado, como ya se ha planteado en los proyectos para la fabricación de vacunas con la tecnología de ARN mensajero con los laboratorios Pfizer y Moderna. Eso es en biotecnológicos que tiene otras complejidades.

Ángeles Cruz Martínez

Fuente: La Jornada