San Cristóbal de Las Casas, Chis. Una clase de teatro en la que los papeles de maestro y alumno cambiaron de lugar reunió a Luis y Marina de Tavira con coordinadores de arte y cultura, teatreros zapatistas y el subcomandante Moisés del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).
Hubo método y técnica para quienes dicen trabajar “al romplón”, pero también una enseñanza en sentido contrario: “aquí hay una lección absoluta del colectivo”, afirmó Marina de Tavira después de presenciar las dos funciones de El común y el día después.
La obra, interpretada por 240 jóvenes zapatistas, formó parte del semillero Las artes bajo acoso (danza, cine y teatro), realizado en el Centro Indígena de Capacitación Integral (Cideci), con sede en San Cristóbal de Las Casas.
El capitán Marcos describió lo ocurrido durante esos días como “un acto de magia”. En un rincón del Cideci, “se realizaba una reunión conspirativa de teatristas de geografías, calendarios, lenguas, colores e historias diferentes. Una clase de teatro donde se intercambiaban continuamente los papeles de maestro y alumno”.
Ahí ocurrió un encuentro entre Luis y Marina de Tavira, por un lado, y el subcomandante Moisés, coordinadores de arte y cultura y teatreros zapatistas, por el otro. “O sea que como quien dice, les hicimos casita”.
Moisés contó que el dramaturgo y director de escena compartió con ellos herramientas que hasta entonces no conocían. “El compañero Luis de Tavira nos enseñó el método, la forma, la técnica y nos ayudó un chingo para entender cómo debe desenvolverse un actor o una actriz para que no estemos como estatuas”.
Los zapatistas trabajan “al romplón”. “Lo que sabemos es que vamos a mostrar lo que pensamos”.
“El teatro que hacemos los zapatistas lo hacemos en común”. El proceso comienza entre los 12 Caracoles: coordinadores plantean el tema, reúnen ideas, discuten el orden de las escenas y elaboran un primer borrador. Después llaman a los actores y actrices, les explican la idea y comienzan los ensayos.
Las aportaciones continúan durante el proceso. Cada grupo se lleva la parte que le corresponde para practicar en su Caracol y después vuelven a reunirse los 12. “Y ahí vienen otras aportaciones y va saliendo en común la idea de cómo lo vamos a actuar”.
La enseñanza también operó en sentido contrario. Marina de Tavira habló de la “profunda alegría” por lo vivido durante esos días y por aquello que, dijo, le regalaron los zapatistas.
“Es hermoso atestiguar el legado vivo de un sueño; ustedes encarnan ese legado. Se lo han apropiado y lo viven”, sostuvo durante la mesa dedicada al teatro.
Después de las dos funciones de El común y el día después, la actriz encontró en el trabajo zapatista una enseñanza para quienes hacen teatro desde otros espacios. “Aquí hay una lección absoluta del colectivo, de que este teatro se hace en común, no sólo en la intención o las palabras. Nos ponen un espejo enfrente que es muy confrontador. En ustedes vi la encarnación de la esperanza”.
Ofelia Medina llevó esa reflexión hacia el gozo de crear con otros. “La creación del arte colectivo es el gozo de la humanidad presente y del futuro.
“Yo encontré sentido a mi vida gracias a las comunidades zapatistas y a este movimiento”, aseguró la actriz.
Para Medina, el teatro de Luis de Tavira, el que se hace aquí y el que lograron hacer forma parte “de la creación y de la humanidad que no quiere dejar de creer que somos capaces de crear un mundo mejor. El gozo colectivo es lo que aquí se produce”. También se refirió a la decisión zapatista de unirse con las madres buscadoras y calificó la situación del país como “aterradora”.
Luis de Tavira abordó durante la misma mesa la relación entre la escena, el pensamiento y la sociedad. “El teatro es fruto del pensamiento. Por eso es importante pensar y en el pensar no pensar cualquier cosa porque de ahí nace el hacer que no es cualquier hacer”.
Aunque “el teatro no cambia para nada la realidad o por lo menos no cambia de inmediato el precio del pan”, el dramaturgo sostuvo que “ha determinado de manera decisiva la historia de la humanidad. El teatro sólo puede entenderse en su relación, sea la que sea, con la sociedad. No deberíamos de olvidar que la verdadera obra de arte es la sociedad”.
Al concluir, puso parte del porvenir de ese arte en manos de quienes acababa de observar. “Dependerá de todos los hacedores de teatro, pero de modo decisivo de estos jóvenes recién llegados y de la organización común”.
“Otros mundos son posibles”
Marina de Tavira remarcó que continuarán “haciendo teatro, denunciando el horror como aquellos griegos milenarios que cantaban las tragedias que aún hoy nos persiguen”.
“Quizá siga el mundo su curso inalterable, pero lo que no puede morir es nuestra voluntad de cambiarlo, nuestra esperanza de que otros mundos son posibles”, agregó.
La actriz cerró con la noticia del viaje de integrantes de los pueblos zapatistas a la Ciudad de México en diciembre para reunirse con madres y personas buscadoras.
“He recibido con profunda emoción la noticia. Ahí estaremos si nos invitan para unirnos en ese abrazo colectivo.”
