Tras arduos procesos, migrantes varados en México regularizan estancia

A un año y seis meses de la cancelación del CBP One, sistema para solicitar asilo en Estados Unidos, muchas de las personas migrantes varadas en México apenas lograron regularizar su permanencia en el país, debido a los largos procesos para pedir refugio ante la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar) –de hasta 14 meses–, y por la resistencia del Instituto Nacional de Migración (INM) a otorgarles la Tarjeta de Visitante por Razones Humanitarias.

Así lo señalaron mujeres que recientemente han obtenido su residencia permanente, quienes advirtieron que aun con los documentos enfrentan dificultades para poder integrarse socialmente, tales como falta de vivienda y empleo formal –por lo que varias de ellas continúan en albergues–, así como acceso pleno a servicios de salud y financieros.

En el Día Mundial del Refugiado, que se conmemora hoy, Diana Bustamante, venezolana, compartió que llegó al país hace dos años, pero apenas –con apoyo de organizaciones civiles– está en el proceso de obtener su residencia permanente por vínculo familiar, al tener dos hijos mexicanos. En este tiempo, dijo, ha vivido en albergues tanto en la Ciudad de México como en Matamoros, Tamaulipas.

En entrevista, expuso que el cierre del sistema CBP One lo vivió en Matamoros, donde, tras la incertidumbre y la imposibilidad de regresar a Venezuela –por las condiciones políticas y sociales–, decidió iniciar el proceso para pedir refugio en México.

No obstante, indicó que frente a las “malas condiciones” laborales, económicas y médicas, así como por la presencia “más fuerte” de agentes migratorios y “la delincuencia”, suspendieron su proceso ante la Comar para volver a la Ciudad de México, en febrero pasado.

En el albergue Cafemin, en la alcaldía Gustavo A. Madero, Diana mencionó que desde hace cuatro meses comenzó el proceso para obtener ahora la residencia permanente por sus hijos, pero reconoció que no son altas sus esperanzas de que con el documento su situación cambie en el corto plazo.

“No nos da una garantía de nada”, deploró. Consideró injusto que siendo su esposo ingeniero informático “le sea complicado conseguir un empleo que valga la pena”, por lo que ahora trabaja de repartidor.

Las haitianas Cleana y Loudmyane, con residencia permanente, también lamentaron la falta de oportunidades para emplearse formalmente. Ambas viven en Cafemin y son madres de menores de edad.

Cleana comentó que tiene tres años en la Ciudad de México, donde ha vivido en hoteles, en cuartos rentados y en albergues.

Indicó que aun con su documento no ha encontrado un buen trabajo, porque también debe cuidar a su hija. Su último empleo, contó, fue vendiendo flores en el mercado de Jamaica, donde laboraba seis días a la semana, a veces 12 horas seguidas.

Jimena Castillo, abogada de Cafemin, señaló que los procesos para solicitar refugio llevan entre 12 y 14 meses, tiempo en el que lo único que se le otorga a la persona es una constancia de inicio del trámite y en algunos casos, como en la Ciudad de México, se les otorga la CURP.

Además, apuntó, que aunque a la par de la solicitud de refugio el INM tendría que otorgar la Tarjeta de Visitante por Razones Humanitarias, “no lo hace”. Por ello, indicó que se han llevado juicios de amparo colectivos “para obligar” a que la entregue.

Jessica Xantomila

Fuente: La Jornada