La alerta sobre el empleo nocivo de dispositivos electrónicos en la infancia se encendió hace por lo menos 10 años. Después, en 2019, la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoció el trastorno por la utilización de videojuegos en la clasificación internacional de enfermedades (CIE-11), mientras la actividad desmedida en redes sociales o la navegación excesiva por Internet se considera “uso problemático”. En México, es un asunto grave y urgente, advirtió Deimos Aguilar Jiménez, siquiatra especializado en niños y adolescentes.
En entrevista, explicó que los pacientes llegan a consulta siquiátrica por bajo rendimiento escolar o por algún trastorno, como ansiedad o depresión. Sin embargo, durante el interrogatorio se identifica que prácticamente todos presentan un uso nocivo de dispositivos electrónicos.
Incluso, indicó, en alrededor de 5 por ciento de los casos los padres de familia buscan ayuda luego de que su hijo intentó suicidarse tras haberle quitado el teléfono celular o la tableta.
Lo que ocurre es que los adultos no se percatan de que se va gestando una dependencia, como sucede con alguna droga, hasta que el deterioro en el funcionamiento global de los menores de edad se vuelve evidente. Entonces actúan de manera impulsiva: les arrebatan los dispositivos e incluso los rompen.
Eso es lo que se observa en el Hospital Siquiátrico Infantil Juan N. Navarro. Se trata de un problema que va en aumento y que, además de la falta de información para los padres, enfrenta el desafío de una limitada oferta de servicios de salud mental en el país, aseguró el especialista.
En ese nosocomio hay tres paidosiquiatras en consulta externa. Cada día atienden a 25 pacientes; existe una lista de espera de entre tres y cinco meses, y la demanda del servicio continúa en aumento.
Por eso, consideró importante la iniciativa de la presidenta Claudia Sheinbaum para abrir el diálogo sobre este tema y reconocer los múltiples factores que inciden en él, entre ellos los económicos y sociales, que provocan que muchos niños y adolescentes pasen gran parte del tiempo solos.
En esos grupos de edad, el cerebro aún está en desarrollo, en particular la corteza prefrontal, encargada de favorecer la toma de decisiones racionales. Por ello, los menores tienden a responder más a los impulsos emocionales. Los padres tendrían que establecer límites, pero si no están presentes, eso no ocurre; y si lo están, pero carecen de las herramientas para orientar y dialogar con sus hijos, tampoco se obtienen buenos resultados.
En ese contexto, la tecnología digital sigue avanzando y los cerebros de los menores encuentran en ella una fuente constante de dopamina. Esta sustancia, que actúa como neurotransmisor, participa, entre otras funciones, en la regulación del estado de ánimo. Las personas se sienten bien cuando ingresan a las redes sociales y, sin darse cuenta, caen en un uso nocivo que las aleja de otras actividades y de su entorno, comentó el especialista.
Subrayó que esta práctica creció durante la pandemia de covid-19 debido a la ansiedad que provocaron la enfermedad y el aislamiento para prevenir los contagios. Muchas personas encontraron en las redes sociales una sensación aparente de bienestar y calma.
Aguilar Jiménez también señaló que, en la discusión que se abrirá en el país sobre este tema, deben incluirse los efectos en la salud emocional y la autoestima de niños y adolescentes. Destacó el caso de las niñas que anhelan parecerse a las modelos que ven en las redes sociales y llegan a obsesionarse con esa imagen.
En la sicoterapia aprenden a sentirse y reconocerse valiosas por quienes son, y no por su cuerpo o por la ropa que usan. Sin embargo, advirtió el especialista, se requiere una regulación sensible y, al mismo tiempo, incrementar la oferta de servicios de salud mental para atender un problema que ya está presente y que comienza a rebasar la capacidad de respuesta de la sociedad.
Ángeles Cruz Martínez
Fuente: La Jornada
