El Ángel del Garrote

Adorno navideño que causa furor por su ingeniosa estructura para mantenerse en pie
Por Eduardo Sánchez Encinas

Los Mochis, Sinaloa. – Todos se preguntan cómo sucedió. El Ángel tiene garrote.
Es la esquina de Niños Héroes y bulevar Rosendo G. Castro, ahí sucedió el milagro de la aerodinámica mochiteca.

Fue, se sospecha, una solución a la mexicana en la Casa de Todos a un problema de estabilidad corpórea que despierta risas, oscuros pensamientos y uno que otro recordatorio materno.


El adorno navideño de un Ángel dorado ubicado en el descuidado y olvidado monumento a la Libertad de Expresión da pena. Penita.

El Ángel del Garrote

Hace días el aire lo meneaba a su antojo. Parecía levitar. Sí, se levantaba, abandonaba la tierra por segundos. Intentaba tomar la ruta del cielo cuando arreciaba la ventisca.


Hoy un garrote lo detiene. Ya no suena a peligro ni amenaza con descalabrar a un efímero paseante ni mucho menos con enviar a otro mundo a algún consuetudinario borrachín ni a un terco vagamundo del Rosendo G. Castro que todos los días toman ese camino.

Alguien encontró la fórmula perfecta para evitar su derribo, componer la historia de otro Ángel caído como el propio hijo de la Aurora que fue exiliado de las cortes celestiales. En servicios públicos, se presume, pulieron el garrote pintoresco que sostiene al Ángel. Tal vez pupilos de Iván Gálvez. Tal vez no.


Efectiva solución, aunque efusivamente rústica.




Adorno navideño que causa furor por su ingeniosa estructura para mantenerse en pie