México necesita ampliar la educación superior pública para ofrecer oportunidades a jóvenes que todavía encuentran barreras económicas, territoriales y académicas. Cada ampliación debe acompañarse de personal suficiente, infraestructura adecuada, apoyos estudiantiles y condiciones para una formación rigurosa, afirmó el rector de la UNAM, Leonardo Lomelí Vanegas.
Al dictar la conferencia magistral “La educación superior pública ante los retos y transformaciones del siglo XXI”, en la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), también señaló que la transformación tecnológica exige renovar la docencia, la investigación y la gestión con criterios académicos y atención a las necesidades de las comunidades.
Además, indicó, el financiamiento debe ser suficiente, oportuno y sostenible. “De su continuidad depende que la expansión preserve la calidad y fortalezca las instituciones”.
Expuso que la educación superior mexicana atiende a 5.52 millones de estudiantes; alrededor de 3.42 millones se forman en instituciones públicas; es decir, el sector público concentra cerca del 62 por ciento de la matrícula y constituye el principal soporte de la formación superior del país.
Asimismo, detalló que en 10 ciclos escolares la matrícula en este nivel educativo pasó de 4.24 a 5.52 millones de estudiantes, un crecimiento cercano al 30 por ciento.
México, por debajo del promedio de la OCDE
En el vestíbulo del Teatro Fernando Calderón de la UAZ, el rector Lomelí remarcó que de 2014 a 2024 la proporción de jóvenes de 25 a 34 años con educación superior aumentó en México de 20.3 a 29.1 por ciento y, aunque subrayó que este avance es significativo, señaló que el promedio de la OCDE alcanza 48.7 por ciento.
Ante ello, insistió en que “nuestro país necesita, cada vez con mayor urgencia, una universidad pública más incluyente, capaz de ampliar las oportunidades educativas y acompañar las trayectorias del estudiantado desde múltiples enfoques”.
Lomelí Vanegas atendió preguntas de los asistentes a la conferencia, ante quienes insistió en que los recursos destinados a la educación, sobre todo a la superior, no son un gasto, sino una inversión.
Recalcó que hay que transparentar su uso y ser austeros para que la sociedad sepa en qué se invierten y acompañe estos esfuerzos. También enfatizó su convencimiento de no cobrar cuotas y señaló que se debe financiar el fondo de gratuidad para las universidades estatales que aceptaron no cobrarlas.
Alfredo Valadez, corresponsal
Fuente: La Jornada
