“Montar ‘Macbeth’ en menos de un año fue una aventura”: Louisa Proske

La directora alemana de ópera y teatro Louisa Proske debuta en la Ópera Metropolitana (Met) de Nueva York con una nueva producción de Macbeth, ópera de Guiseppe Verdi, que se impone con la magnitud de la escenografía y del vestuario, que consta de más de 450 trajes, así como de los sets, uno de los cuales fue construido en Canadá.

Una transmisión de la pieza será proyectada hoy en el Auditorio Nacional dentro del programa En vivo desde el Met de Nueva York.

Proske fue invitada a dirigir Macbeth hace menos de un año debido a la renuncia del equipo anterior, que para efectos de la producción “no es nada”. Cuando se trata de una producción mayor, puede tardar hasta cuatro años.

“Desarrollamos un diseño muy rápido. Fue una aventura y un experimento para mí; sin embargo, amo la historia (original de Shakespeare) y la ópera. Cuando vi el elenco dije: ‘es un ofrecimiento que no puedo rechazar’.

“La Met es por mucho el escenario más grande en el que he trabajado. Sólo el coro es de 80 elementos”, expresó Proske. Actualmente, trabaja en un proyecto “en progreso”, Primero sueño, sobre el poema de Sor Juana Inés de la Cruz, escrito junto con Paula Prestini y Magos Herrera, originado en The Met Cloisters en Nueva York.

En conferencia de prensa, la directora escénica habló de “lo fascinante” del personaje de Macbeth –interpretado por el barítono Quinn Kelsey–, quien hace “algo horrorífico: mata a otro ser humano que, además, es rey y cabeza de Estado. Sabe desde el principio que es malo. No es como si fuera sicópata a sangre fría. Sufre de pesadillas casi desde que empieza a pensar en ello. Lo fascinante es su imaginación que se escapa. Incluso, antes del asesinato, alucina con la daga que señala el camino a la habitación del rey. Luego ve la sangre en la daga y empieza a hablar a la tierra: ‘no digas a nadie que estuve aquí’. Está bastante loco”.

Proske trabajó con Kelsey “paso a paso”, con indicaciones como: “literalmente, habla con las piedras del suelo”. A veces en los ensayos “sostenía la daga frente a Quinn para que fuera muy real. Procedíamos pensamiento por pensamiento. Saca a la superficie mucho contenido interior, como una máquina de horror”.

Hizo hincapié en la última aria que es de una versión temprana de Macbeth: “Quinn se me acercó hace unos cinco meses y pidió cantar: ‘lástima para mí que confié en los agentes del infierno’. Al interpretarlo en el momento de su muerte, entiende que todo fue un error, que nunca debió hacer caso a las brujas. Para mí era una gran oportunidad para dar el paso final del personaje y que reconociera que estaba mal, aunque lo hizo de todos modos. La pregunta fascinante de la ópera es por qué cometió atrocidades”.

Más allá de la caricatura de villana

En cuanto al personaje de Lady Macbeth, Proske dijo a la soprano Lise Davidsen: “adonde sea que vayamos con esto, quiero verla como un ser humano, con una vida interior, y no convertirla en la caricatura de una mujer malvada.

“Lise dice que ha tenido muchos problemas con el personaje, ya que no entiende por qué hizo lo que hizo. Conversamos mucho sobre su matrimonio, lo que podría faltar en su vida como mujer de esa época, al no tener acceso directo al poder, aunque al mismo tiempo es ambiciosa. Tratamos de entender a Lady Macbeth desde un lugar de carencia, frustración y desilusión. Finalmente, hay algo emocionante que puede ayudar.”

Sobre su manejo de las brujas, éstas siempre observan desde “los rincones y recovecos, desde los márgenes de este mundo; esta fue una de mis primeras ideas a realizar. Para mí, no obligan a Macbeth ni a su esposa a hacer algo. Sólo les proporcionan información a través del comentario y la profecía. En nuestra lectura decidimos hacer de las brujas la expresión de la corrupción, ya sea física –comenzamos con una imagen de cuerpos en el campo de batalla– o moral. Son un poco como el moho o los insectos que se reproducen. A partir de esta imagen la persona que diseñó el vestuario hizo que se conectara con la suciedad y la destrucción reflejadas en la escenografía”.

Más allá del aspecto político de la obra, muy vigente hoy, la razón por la que la historia sigue fascinando al público es que se trata de dos personas que llevan a cabo un asesinato juntos: “una cosa es hablar de ello, pero todo se dificulta cuando las manos se llenan de sangre y tienes que lidiar con las voces en tu cabeza, la culpa y la locura de la situación. Shakespeare lo pinta vívidamente en la obra; luego, Verdi lo retoma. Esto siempre nos ha interesado como seres humanos. El mensaje podría ser: ‘el asesinato siempre es más difícil de lo que uno imagina’”.

Macbeth se proyecta hoy a las 11 horas en el Auditorio Nacional.

Merry Macmasters

Fuente: La Jornada