Desde su inauguración, el 24 de marzo, más de 140 mil personas han visitado AztLÁn, túnel del tiempo, primera exposición de arte chicano en la historia del Museo del Palacio de Bellas Artes, según cifras oficiales.
Ahora, gracias al lanzamiento de su catálogo, el público dispondrá también de una extensión en papel de esa peculiar exhibición conformada por más de 70 piezas de 33 artistas y colectivos contemporáneos.
“Más que un catálogo, es una obra en sí misma”, subrayó el artista Rubén Ortiz Torres, curador de la muestra junto con el cineasta Jesse Lerner. “Es un complemento de la exposición, no una representación. Hay textos que no necesariamente hablan de lo que se exhibe, secciones que los artistas diseñaron especialmente para el libro, y obras visuales y textos inéditos”.
La publicación fue presentada la noche del miércoles en el Área de Murales del Palacio de Bellas Artes, ante los siempre imponentes frescos de Rivera, Siqueiros, Orozco y Tamayo, y el público que abarrotó el espacio.
El libro –coeditado por el museo y la Fundación Jenkins, que alcanza con esta su edición número 70– es bilingüe y supera las 400 páginas, las cuales incluyen ensayos, poesía y diseños experimentales.
Su diseño, a cargo de Alejandro Magallanes y Mariana Ugalde, del Taller A.M., usa tipografía gótica para el cuerpo del texto, presenta de manera simultánea los textos en español e inglés e incorpora una vibrante paleta de colores en amarillo, azul y rosa para evocar la energía del arte urbano en la ciudad de Los Ángeles, Estados Unidos.
“Siempre había soñado con hacer un libro para Bellas Artes”, reconoció Magallanes, quien destacó el logotipo diseñado por el pintor Chaz Bojórquez, pionero del movimiento de arte callejero en el país del norte.
La poeta Minerva Reynosa, titular de la Coordinación Nacional de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes (Inbal), desglosó la anatomía del libro, que a su decir funciona como una cartografía de la resistencia.
“Marca un precedente en la historiografía del arte binacional” y busca “saldar una deuda histórica”, sostuvo. En sus páginas, agregó, se abordan desde la “estética criminalizada” de los pachucos y lowriders hasta el concepto de “desmuralismo” como respuesta a la segregación urbana.
Incluye ensayos fundamentales de los curadores Jesse Lerner y el propio Ortiz Torres, así como textos de Rita González, Víctor Estrada, Daniela Lieja Quintanar –quien escribe sobre migración y redes de solidaridad– y la redición de poemas de Nathalie Díaz (ganadora del Pulitzer en 2021) y Sesshu Foster.
De acuerdo con la también gestora cultural, el libro no es sólo la respuesta a una exposición, es el encuentro entre dos lugares, dos culturas, dos formas de ver el mundo: Ciudad de México y Los Ángeles. Y lo hace, enfatizó, en un contexto de xenofobia, tensiones binacionales y despliegues militares contra comunidades de color, chicanas y latinas.
Aunque no participó directamente en el catálogo, Selene Preciado, curadora y directora de programas de Los Ángeles Contemporary Exhibitions (LACE), fue invitada al acto por su profundo conocimiento de la escena angelina.
Tras evocar la complejidad de la frontera, la especialista habló del impacto que le causó la exposición presentada en Bellas Artes, la cual se mantendrá abierta hasta el 23 de agosto.
“Me conmovió porque me sentí mexicana y angelina al mismo tiempo, pero no por separado. Siento que yo soy de esos artistas, no al revés”, admitió. Para ella, el catálogo refleja que “la identidad chicana no es un binomio, es otra cosa: es la traducción de la traducción”, y celebró que en él se incluya a LACE, espacio fundado en 1978 por artistas chicanos y feministas que no encontraban cabida en las instituciones.
Ortiz Torres subrayó el espíritu colaborativo que yace detrás de la exposición presentada en el recinto cultural más importante del país: “es un reflejo de colaboraciones que antes hubieran sido difíciles de concebir, entre gente de la Ciudad de México y Estados Unidos, chicanos de aquí y de allá, artistas latinos y centroamericanos. En momentos de nacionalismos divisorios, la cultura trasciende estas divisiones”.
Por su parte, Mauricio Maillé, director del Museo del Palacio de Bellas Artes, celebró la aparición del catálogo como “un acontecimiento editorial” que aborda temas como la identidad, el territorio, la memoria y la política cultural.
“Articula voces y miradas enunciadas desde el arte, la academia y la comunidad para hablar del arte contemporáneo chicano producido en Los Ángeles, California, ciudad con amplia población latina que mantiene estrechos lazos históricos, sociales y culturales con México”, rubricó.
Ángel Vargas
Fuente: La Jornada
